Lo que sucede en Venezuela no es una discusión de política internacional, algo que sucede sólo en el exterior y que atañe nada más que al país vecino. Desde hace años que cuando se debate al régimen chavista lo que se hace, en este suelo, es posicionarse de uno u otro lado de la grieta. Venezuela es un punto nodal del debate público argentino, de esos que mueven pasiones y que por lo tanto son susceptibles de convertirse en banderas políticas. El secuestro de parte de Estados Unidos del dictador Nicolás Maduro no podía sino más que avivar ese fuego que hace rato arde en estas latitudes, y convertirse en el eje de la agenda nacional, tanto para el Gobierno como para la oposición. Por eso es que todos los dirigentes locales tomaron partido en pleno conflicto, a la vez que, subidos a la ola, aprovecharon para mover sus fichas. Venezuela es hoy, más que nunca, una discusión electoral.
Casa Rosada. En el único bando que no hubo dudas sobre a quién respaldar fue en el Gobierno: la línea que bajó Javier Milei fue de alineamiento absoluto con Donald Trump, política que viene manteniendo desde que el magnate ganó las elecciones en 2024 y que el año pasado le resultó fundamental para atravesar el tembladeral financiero pre electoral. Sin embargo, el apoyo total a Estados Unidos no vino exento de problemas. Si bien Milei y sus ministros siguieron los sucesos en Venezuela desde la madrugada del sábado, cuando sucedió el secuestro a Maduro, una y otra vez quedaron en offside ante las decisiones de Trump. Tanto Milei, como el canciller Pablo Quirno y la senadora Patricia Bullrich respaldaron, en notas o comunicados, a Edmundo González Urrutia, el candidato opositor que ganó en las elecciones del año pasado en Venezuela que luego el madurismo fraguó.

Sin embargo, Trump tenía otra idea en mente: hasta el momento del cierre de esta edición no empujó un cambio de Gobierno en aquel país, y de hecho parece haber elegido a Delcy Rodriguez, la sucesora de Maduro, como su interlocutora política. Corina Machado, su delfín Urrutia –ambos apoyados públicamente por el libertario, que hasta le abrió el balcón de la Rosada al segundo en una visita en el 2025– y la activista opositora Elisa Trotta –que mantuvo una reunión con Milei en la Rosada el jueves 8– brillan por su ausencia en los planes de Trump.
Pero este no fue el único pifie de Milei. El martes 6 hubo otros dos. A la mañana local, The New York Times publicó la nueva acusación de la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, a Maduro: ahí retira la afirmación de que “el Cartel de los Soles”, el grupo narco al cual Trump acusaba a Maduro de liderar, era real. Milei y su espacio se habían parado sobre esta idea para atacar a Maduro, al punto tal de que en agosto el Gobierno había declarado a ese supuesto cartel como “organización terrorista”. A pesar de la filtración del medio estadounidense, al cierre de esta nota el oficialismo mantenía a este supuesto cartel en esa lista prohibida.

En la noche del martes Milei habló con el streaming oficialista Neura, y en el medio de alabanzas a Trump aseguró que este no iba en busca “del petróleo”. Horas después el propio estadounidense comunicaba en sus redes que Venezuela iba a entregar hasta “50 millones de barriles de petróleo” al gigante del norte. La “libertad irrestricta del proyecto de vida del prójimo” no parecería ocupar un lugar central en los designios de Trump.
De cualquier manera, en el oficialismo se vivió, puertas para afuera, como una victoria cerrada. El Gobierno bajó la línea a todos sus miembros de salir a respaldar el secuestro de Maduro, y algunos, como Patricia Bullrich, aprovecharon los acontecimientos para fogonear su figura. Cerca de la senadora juran que esa idea de apuntalarla viene desde fines del año pasado, luego de una cena entre ella y Karina Milei. “Quiero que seas mi candidata a jefa de gobierno en 2027”, le habría dicho en ese encuentro la secretaria general, según cuenta el bando bullrichista. ¿Habrá descubierto, de repente, la generosidad la menor de la familia? Hasta entonces, quien aparecía como el candidato natural del karinismo para la Ciudad era Manuel Adorni. Algunos en el Gobierno, que conocen la manera fuerte de jugar de Karina Milei, dicen que el convite a Bullrich fue envenenado: quitarle cualquier sueño presidencial de su cabeza. Lo que está claro es que, además del Presidente, fue la otrora ministra de Seguridad quien llevó la voz cantante dentro de La Libertad Avanza sobre lo sucedido en Venezuela.

“Es que siempre fue una bandera histórica de ella, tiene mucha relación con esa comunidad”, dicen en esa tropa sobre la presencia de Bullrich en un festejo que hicieron opositores a Maduro en el Obelisco. En ese raid mediático –que incluyó hasta un fuerte cruce con Larreta– la jefa del bloque libertario en el Senado tuvo un blooper durante una entrevista con María O’Donnell. “No es la intención de Trump un cambio de régimen, nunca habló de democracia, lo que quieren es negociar el acceso al petroleo venezolano”, le dijo la periodista, a lo que le contestó “yo no creo en esa teoría”. “Pero es lo que dice Trump”, fue la respuesta de la conductora de Urbana, que dejó a la senadora algunos segundos en silencio. El momento se viralizó en las redes.
Hubo también algunos cortocircuitos. El diario La Nación publicó que había diálogos “confidenciales” para lograr la liberación del gendarme Nahuel Gallo, detenido en Venezuela hace más de un año. Esa filtración sacudió al Gobierno, y hasta motivó un repudio de Santiago Caputo, en su cuenta oficial. Luego la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, confirmó esas tratativas en una nota en Radio Mitre.

Mientras tanto, hubo movimientos en Cancillería. Nahuel Sotelo, del riñón del caputismo, dejó su cargo como secretario de Culto para convertirse en legislador bonaerense, donde reforzará las mermadas bancas de “Las fuerzas del cielo” dentro del bloque oficialista. De cualquier manera, el cargo quedará en manos del bando del “Mago del Kremlin”: su lugar lo ocupará Agustín Caulo, que ya trabajaba para Sotelo en esa cartera. En esas filas vienen siendo días intensos. Milei se prepara para viajar al foro de Davos, en Suiza, donde ya protagonizó fuertes polémicas en sus dos últimas participaciones. En el Gobierno dan por descontado que lo ocurrido con Maduro será parte del discurso del Presidente.
Oposición
Para el peronismo Venezuela es un tema más que espinoso, en especial por la estrecha relación que mantuvieron los gobiernos kirchneristas con el chavismo. Cristina Kirchner, Juan Grabois, Luis D’Elía, Axel Kicillof, Ricardo Quintela, gobernador de La Rioja, y Sergio Ziliotto, su par de La Pampa, fueron algunos de los que salieron a condenar el secuestro de Maduro y el accionar de Estados Unidos, además de un comunicado formal del Partido Justicialista. Pero su posición no fue compartida por todos en este espacio. Osvaldo Jaldo, gobernador de Tucumán –que viene jugando para el oficialismo desde que asumió Milei– se sumó al respaldo a Trump, en la misma línea discursiva que el libertario.

Hubo también otros matices. El Frente Renovador, de Sergio Massa, sacó un comunicado donde rechazó “de manera categórica” la invasión estadounidense, pero se diferenció de sus socios políticos al señalar la “opacidad” del régimen chavista. Guillermo Michel, ex director de la Aduana y del riñón del tigrense, fue más allá en sus redes sociales: aseguró que el peronismo había omitido “señalar con anterioridad cuestiones graves del gobierno de Maduro, que llegó a detener a dirigentes políticos y estudiantes, sin respetar la democracia”. Guillermo Moreno y Miguel Ángel Pichetto también se pronunciaron. En lo que pareció el estreno de una nueva alianza política, ambos se expresaron en sintonía festejando “el primer paso para que Venezuela recupere la democracia”, y englobando lo sucedido como parte de “un nuevo orden mundial” en el que le convenía a Argentina quedar asociados con el Estados Unidos de Trump.
El Frente de Izquierda, por su parte, fue el único espacio que llamó a movilizar activamente. Junto con ATE y la CTA autónoma, marcharon el sábado 3 y el lunes 5 a las inmediaciones de la embajada estadounidense en el barrio de Palermo, bajo la consigna “fuera yanquis de América Latina”. La marcha se viralizó en las redes porque algunos manifestantes quemaron una bandera de aquel país durante el acto.
De cualquier manera, esta es aún una noticia en desarrollo. La tensión en Venezuela y en la región no va a parar de escalar.
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