La historia se remonta al 2017, cuando por decreto 331 se fijó un cupo de 6.000 unidades para ser utilizado por los miembros de ADEFA. Ante las quejas de CIDOA, por esa discriminación, el decreto 230/19 derogó el artículo 4 de la norma anterior (fijaba esa exclusividad) y abrió ese cupo a todas las empresas. La norma conocida ayer vuelve a limitar el privilegio para las fábricas radicadas, sin tener en cuenta lo establecido en el decreto 230/19. Las empresas agrupadas en ADEFA, tendrán un cupo de 1.000 unidades hasta mayo próximo con ese beneficio arancelario. Las otras compañías deberán pagar el 35% de impuesto si quieren importar. Esto hace que sus productos no puedan competir en precio con el resto.

Vale analizar cuál fue el criterio para tomar esa decisión. Un punto a tener en cuenta es la imprevisibilidad y el cambio de las reglas de juego. Las empresas de CIDOA, desde el 2017, capacitaron personal, invirtieron en postventa y demás acciones para atender esta nueva tecnología. Ahora, ese trabajo parece en vano ya que, difícilmente, importen vehículos con este costo mayor. De hecho, algunas marcas admitieron ayer que este giro las obliga a reformular sus planes de importación.

Otro tema a tener en cuenta es que, desde el punto de vista fiscal, para el Estado, el tratamiento igualitario, no implicaría un costo mayor. El “perdón” impositivo es para 1.000 unidades, sin importar cuáles empresas las ingresen al país. Tampoco aquí juega la escasez de divisas ya que el desembolso de dólares será igual si las importa una automotriz o la otra.

Se puede pensar que se busca apoyar a las fábricas radicadas e incentivar que produzcan algunos de estos modelos en el país. Es bueno tener en cuenta que las terminales locales son las principales importadoras. El 70% de los 0 km que venden llegan del exterior. Además, el segmento ecológico, con 1.000 unidades de acá a mayo, es insignificante en relación a los 330.000 vehículos que se venderán este año. Además, ninguno de los modelos que se importen tiene chances de fabricarse localmente ya que, por su tecnología, son inversiones muy grandes que las casas matrices reservan para sus países de origen o mercados fuertes y estables. La única automotriz argentina que podría fabricar, en un corto plazo, un vehículo híbrido es Toyota. Sería la versión ecológica de la pickup Hilux. Esa decisión no pasará porque se le permita importar con bajo arancel otros modelos como el Corolla híbrido que llega de Brasil.

Tampoco una lectura nacionalista sirve para justificar la medida. Las empresas beneficiadas son multinacionales mientras que las perjudicadas son empresarios locales. Es cierto que importan vehículos, lo mismo que hacen las terminales. Estas pymes generan muchos puestos de trabajo en toda la cadena de comercialización y servicio que, con esta medida y otras que se vienen aplicando (impuestos internos y cupos para importación), se están perdiendo por el ajuste del sector ante las menores ventas.

El último tema que se puede cuestionar en la decisión de esta medida viene del lado del consumidor. Habrá menos competencia y precios más altos. Si bien se trata de vehículos de altos costos, es una muestra de política que se repite en muchos rubros y en casi todos los segmentos.

Por fmluzucom

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