Mientras conviven codo a codo, la guerra pone a prueba a los marineros ucranianos y rusos

Ago 3, 2022

Especial para Infobae de The New York Times.

Hay un código no escrito entre los marineros: no hables de política ni de religión cuando estés en el mar.

Sin embargo, poco después de que Rusia invadió Ucrania, a Andrian Kudelya, un marinero de 35 años de Kiev, le quedó claro que evitar la política no iba a ser posible. Mientras su esposa embarazada y su hijo huían de Ucrania, dos marineros rusos abordaron el barco donde estaba trabajando.

En cubierta, en la sala de mando, en el comedor, los marineros rusos iniciaban debates con él y otros miembros ucranianos de la tripulación en los que argüían que Ucrania estaba llena de nazis y que Estados Unidos había empezado la guerra.

“No soporto esta mentira”, comentó Kudelya. Pero en un barco, agregó: “Es difícil evitar por completo el contacto con estos tipos”.

Los navíos comerciales se han vuelto de los pocos lugares donde rusos y ucranianos, quienes representan el 15 por ciento de los 1,9 millones de marineros en el mundo, siguen viviendo en el mismo espacio, navegando por rutas que dan la vuelta al mundo mientras sus países están en guerra. Algunos barcos se han vuelto refugios peculiares de comprensión y perdón. En otros, el ambiente se ha vuelto tenso y a veces insoportable, un vuelco total para la tradición marítima de que los marineros se perciban como compañeros de equipo, sin importar sus orígenes.

Kudelya comentó que se sintió aliviado de desembarcar en abril en Alemania, donde se reunió con su familia y buscará trabajo con empresas navieras que no empleen a rusos. “Debo pensar en mi trabajo y no en el conflicto ni en conversaciones inútiles sobre política”, opinó.

Con una industria marítima mundial a la que de por sí le faltan marineros comerciales y que depende en especial de los marineros de Rusia y Ucrania, quienes suelen estar altamente calificados, algunas firmas han cambiado de marineros para enfriar la tensión a bordo.

En un comunicado, A. P. Moller-Maersk, una de las empresas navieras más grandes del mundo, señaló que tener tripulaciones con rusos y ucranianos en el mismo barco podía ser complicado. “Como medida de precaución, hemos decidido no tener marineros de Ucrania y Rusia a bordo de la misma embarcación”, dijo la empresa, la cual agregó que esta política había entrado en vigor al inicio de la invasión en febrero.

Otra empresa naviera, con sede en los países bálticos, les exigió a los tripulantes rusos y ucranianos que firmaran un formulario en el cual accedían a no hablar de política a bordo, según Oleksiy Salenko, un oficial ucraniano que firmó el documento y narró el episodio por teléfono.

“Es la ley del marinero”, comentó Salenko. “No nos metemos en la política”. Sin embargo, unos días más tarde, según Salenko, el capitán ruso, quien había servido en el Ejército de Rusia, comenzó a menospreciarlo dándole menos tiempo para completar sus tareas y diciéndole que no estaba capacitado para el trabajo. Salenko dejó el barco poco tiempo después y terminó su contrato con meses de anticipación.

En los momentos más difíciles, en algunos barcos, el contacto cercano entre rusos y ucranianos ha producido una compasión inesperada.

Roman Zelenskyi, de 24 años, un marinero de Odesa, Ucrania, comentó que, después de que él y otros ucranianos les enseñaron fotos del daño en las ciudades ucranianas de Járkov y Mariúpol a los cuatro rusos del barco, ellos quedaron impactados y avergonzados. “Es gente como yo que trabaja en un navío”, comentó Zelenskyi. “Vivimos en paz”.

En otro barco, algunos marineros rusos dijeron que lamentaban la destrucción de las ciudades de sus compañeros de tripulación. “Entendemos que es difícil para él”, comentó Ivan Chukalin, un marinero ruso, sobre un marinero ucraniano a bordo del mismo barco con dirección a los Países Bajos. “Su ciudad natal está destruida”. Sin embargo, Chukalin mencionó que es mejor no tomar parte. “La política es un tema del que nadie debería hablar”.

Otro marinero ruso, Edward Viktorovich, de 46 años, quien trabaja en un barco pesquero en el océano Ártico, comentó que la guerra no había afectado las relaciones entre los rusos y el único ucraniano en su navío. “Todos cocinamos en la misma olla”, mencionó. “Aquí somos colegas. La política no nos afecta”.

Incluso en los navíos donde los marineros realizaron esfuerzos deliberados para no hablar sobre la guerra, los marineros ucranianos comentaron en entrevistas que los atormentaban los temores sobre sus familiares y amigos en Ucrania.

Dmytro Deineka, de 24 años, un marinero de Járkov, mencionó que él y cuatro ucranianos más a bordo habían intentado no responder comentarios del capitán y el primer oficial rusos en su barco para evitar represalias. Sin embargo, en las semanas posteriores a que una bomba impactara contra la casa de su abuela, Deineka le expuso su punto de vista al capitán pro-Rusia, quien era de Crimea. El capitán respondió con agresividad y dijo que Ucrania estaba llena de nazis y necesitaba que la salvaran los rusos.

Los ucranianos a bordo escribieron una carta dirigida al dueño neerlandés del barco para pedirle que retirara al capitán. “La carta contenía información sobre nuestros sentimientos a bordo, qué decía el capitán de nosotros, nuestro estado emocional y que no podemos trabajar en ese tipo de condiciones”, comentó Deineka. Unas semanas después, la empresa remplazó al capitán con otro capitán ruso que empatizó con los marineros ucranianos y el estrés en el que vivían al preocuparse por sus familias en casa.

Muchos ucranianos jóvenes de Odesa y Mariúpol, dos ciudades portuarias de Ucrania, decidían salir al mar porque este les ofrecía un salario constante. Ahora, un pequeño porcentaje de los 45.000 ucranianos que están en el mar intentan regresar a Ucrania para pelear, pero la mayoría quiere quedarse a bordo, comentó Oleg Grygoriuk, presidente del Sindicato de Trabajadores de Transporte Marino de Ucrania. Grygoriuk señaló que había habido instancias en las que los marineros ucranianos en los barcos que se detenían en puertos rusos eran interrogados y registrados. Desde hace poco tiempo, cuando los barcos se detienen en puertos rusos, los marineros ucranianos desembarcan en los puertos cercanos fuera de Rusia y los recogen después de la parada, agregó.

Grygoriuk comentó que los ataques con misiles del mes pasado en Odesa, los cuales ocurrieron menos de un día después de que se firmó un acuerdo para garantizar el tránsito de 20 millones de toneladas de grano que estaban detenidos en los puertos bloqueados del mar Negro en Ucrania, intensificaron su preocupación por la seguridad de los trabajadores de los puertos y los marineros, quienes reciben un pago doble por cada día que trabajan en una zona de guerra.

Ese era un riesgo que algunos estaban preparados a asumir, pues había poco dinero en casa. Los marineros que están en alta mar en este momento, zarparon antes de que empezara la guerra y han permanecido fuera del país desde entonces. Otros, que estaban cambiando entre un contrato y otro cuando comenzó la guerra y no pudieron zarpar debido a las restricciones gubernamentales que les prohíben la salida del país a los hombres de entre 18 y 60 años, comentaron en entrevistas que sus ahorros estaban menguando y que tuvieron que reducir su gasto en cigarros y alimentos.

Ya que algunos marineros ucranianos no pueden trabajar a causa de la guerra, las empresas navieras, que de por sí tienen dificultades con la escasez de personal, apenas están logrando conseguir tripulaciones para los barcos, comentó Natalie Shaw, directora de asuntos laborales en la Cámara Naviera Internacional. Algunas empresas navieras no están contratando a marineros rusos porque hay incertidumbre respecto de cómo pagarles, debido a las sanciones de Occidente. Si esta incapacidad de contratar a marineros ucranianos y rusos se prolonga, se podrían exacerbar más las tensiones en la industria naviera mundial, comentó.

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