Delicada, sugerente, de apenas 65 minutos, esta pequeña obra hilvana las vivencias de cuatro niñas durante dos días muy especiales, posteriores a una desgracia cuyos detalles iremos entendiendo de a poco. Personajes principales, una niña retraída, que no llora, una madre absorta en su dolor, la tía con sus tres hijas, que vienen a hacerles compañía. Más tarde se suman la abuela y una “chica de la limpieza” con su hija. Personajes sin mayor importancia, dos hombres que están poniendo el cerco de la piscina. Alguien se decidió a llamarlos cuando ya era tarde, quién sabe. Ellos, sin intervenir, miran lo que está pasando. Una vez con simpatía, frente a un baile infantil. Otra vez, con distante respeto, porque es el momento donde el drama familiar se manifiesta en todo su dolor. También la cámara guarda respetuosa distancia. Esa escena es, acaso, la más singular y la única intensa de la historia. Allí, donde las baldosas del jardín parecieran evocar lápidas de otra clase de jardín, la película empieza a variar, de la pintura casi realista, algo atonal, de sus comienzos, a la oscuridad de un cuento –realista- de terror, y la fantasía onírica finalmente liberadora.

Por fmluzucom

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