ENTREVISTA al SA VGM Dante Néstor Gómez Comunicaciones Grupo I FAA durante la gesta de Malvinas

Jun 6, 2022

Por: Edgardo Garcia Meza

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Lunes 06 JUN 2022 A LAS 22 hs ENTREVISTA al SA VGM Dante Néstor Gómez Comunicaciones Grupo I FAA durante la gesta de Malvinas
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MALVINAS, 40 AÑOS

Malvinas 74 días – 4 décadas: «Los invisibles soldados de Malvinas»

David Telmo
Por David Telmo

La presente columna tiene la finalidad de dar a conocer los testimonios de cada veterano de la Guerra de Malvinas en cada rincón del país. Todos los protagonistas tienen sentimientos encontrados, opiniones diferentes y merecen ser escuchados.

Malvinas no es sólo guerra y dictadura; también es parte de nuestra historia y nos costó la vida de muchos argentinos.

Es responsabilidad de cada ciudadano mantener la gesta en la memoria, seguir educando y reclamar ante el mundo aquello que nos corresponde.

En este caso, conocemos a Dante Nestor Gómez (VGM), Grupo 1 de Comunicaciones, Escuela Fuerza Aérea Argentina (G1CE).

Dante, ¿Cómo comienza tu carrera en la Fuerza Aérea?

-A los 17 años entré en la Fuerza Aerea, en la Escuela de Suboficiales de Córdoba. Comencé en la especialidad de Comunicaciones.

Mi primer destino fue el Edificio Cóndor. Después de dos años y medio pasé al Aeropuerto Internacional de Ezeiza, en el Comando de Regiones Aéreas. Allí estuve 10 años aproximadamente. El siguiente destino fue en el Aeropuerto de Bariloche durante 20 años y me retiré después de 33 años de carrera.

Mi especialidad siempre fue comunicaciones. Hasta 1982 fui operador en Ezeiza, (Servicio de Protección al Vuelo de la Aviación en General). Tengo además la especialización de Comunicaciones Tácticas, las cuales se aplican en caso de conflicto bélico o despliegue de material en el terreno, por catástrofe y en apoyo de la población civil.

Mientras estaba Ezeiza en abril de 1982 me entero por las noticias que se habían recuperado las Islas Malvinas.
No fui convocado para el conflicto, pero yo quería ir.

Le pedí a mi jefe por favor que me incluyera en las listas y casi me sancionan por volverme insistente. Mi mujer me dijo que estaba loco. En esa época yo era cabo primero, ya estaba casado y tenía mis dos hijos Julieta y Pablo. Pasaron unos días y me avisaron que debía presentarme.

Estando en las islas, un compañero mío y padrino de mi hija se comunica con mi esposa y le cuenta que estábamos bien y habíamos llegado a Puerto Stanley, que pasó a llamarse en ese momento Puerto Argentino.

¿Cuándo llegaste a Malvinas?

-Aterrizamos en las islas el 18 de abril a las 23hs en un avión Hércules C 130 con dos compañeros más. Una oscuridad total, ni siquiera había estrellas, ponía la mano enfrente de mi cara y no la veía.

Preguntamos para dónde teníamos que ir y nos respondieron : -«¿Ven esa luz que parece un fósforo? Vayan para allá»-.

Tropezándonos con nuestro equipo y armamento llegamos a la aero estación del aeropuerto Malvinas en Puerto Argentino. Nos presentamos, nos tomaron los datos y aunque nosotros teníamos nuestras placas identificatorias nos entregaron una tarjeta que debíamos tener siempre encima en caso de fallecimiento.

Fuimos a domir a un hangar y allí estaba el GOE (Grupo Operativo Estratégico) de Fuerza Aérea. Al día siguiente fuimos al pueblo y ahí nos asignaron las tareas.

Nuestro jefe a cargo fue el primer teniente Eduardo Zanardi (el flaco), como lo conocíamos afectuosamente pero siempre con respeto. Él fue nuestro instructor cuando éramos estudiantes.

¿Quienes fueron tus compañeros?

-Miguel Gómez (El negro), Daniel Zabalza (El mosquito), Alfredo Clarias (El tacho) y yo (Agüita fresca), nuestros apodos y nombres de guerra adquiridos durante años. (risas)

¿Cuánto tiempo estuviste en Malvinas?

-Estuve desde el 18 de abril hasta el 23 de junio incluida una semana como prisionero.

¿Cuándo te sentiste mas cerca de la muerte?

-Durante la primer semana puedo decirte que sentí miedo. Con el pasar de los días ese miedo se transformó en acostumbramiento, pero llega un momento en que decís «Si me toca me toca, es mi trabajo y para esto me preparé«.

En una oportunidad fuimos a buscar provisiones a una casa que teníamos detrás del Batallón 5 de Infanteria a bordo de nuestro Unimog.

Comenzamos cargar el vehículo y se produce un duelo de artillería del Batallon 5 y la artillería Británica. Recuerdo que el primer proyectil cayó muy cerca. Nos tiramos cuerpo a tierra. Yo tenía enfrente mío una pared chiquita asi que me enrrosqué agarrando fuerte mi fusil.

Mi gran temor en ese momento era perder las piernas y que se me rompiera el fusil. Comenzó el bombardeo, la tierra nos caía encima, lo mismo que ves en las películas.

Cargamos el camión y nos tiramos dentro la caja. Los proyectiles caían delante nuestro y al costado, el chofer maniobró de manera audaz, incluso pasó por encima de un pozo. Pudimos salir de ese lugar y cuando miramos la lona del camión estaba toda perforada por las esquirlas. Ninguno de nosotros resultó herido. Llegamos a destino.

«Barriendo frecuencias»

Los equipos de comunicaciones que usábamos eran de marca Griner. Se trabaja con frecuencias encriptadas de 6 digitos prestablecidos para un determinado nombre. Una vez que todos los equipos estaban sincronizados se daba un pulso de sincronismo, ahí se producía un salto de frecuencia de 75 hertz hacia arriba y 75 hertz hacia abajo.

En esa gama de frecuencia que saltaba en forma aleatoria si alguien se acoplaba, sólo podía escuchar «pulsos aleatorios».

Nuestras comunicaciones jamás fueron detectadas. Haciendo el barrido de frecuencia con un equipo Kenwood R 1000 era muy común escuchar las comunicaciones de los pesqueros rusos, polacos y japoneses entre otros.

El 25 de mayo de 1982 repentinamente comencé a escuchar una voz en inglés que daba posiciones, radiales y niveles de altura. Empecé a tomar nota, llamé a un oficial que estaba cerca, el Mayor Catala y le mostré lo que había anotado. Inmediatente él lo lleva hacia el CIC (Centro de Información y Control) que estaba en contacto con el radar.

Lo que ocurrió fue que 50 millas antes de que entrara en el lóbulo del radar, yo estaba recibiendo la información de la flota británica gracias al barrido de frecuencia. Cinco días después se realiza el ataque al HMS Invencible.

«El tractor y el tobogán misilístico»

Es aquí donde la inventiva y pericia argentina cobran vida. Cabe aclarar que a pesar del nombre (misilístico) estos elementos disparaban cohetes.

Este armamento no tiene precedentes en la historia de la guerra. Un simple tractor de campo en Darwin, donde estaban los FMA IA-58 Pucará, los cuáles fueron destruidos en un «golpe de manos» dejando a pilotos y mecánicos sin sus aviones.

Para sostener la primera línea se fabricó el «tractor misilistico». El tractor tenía adosada una cohetera de Pucará en el techo. Los cohetes estaban diseñados originalmente para tirarse «aire-aire» y esto se tiraba «tierra-aire». En el aire el cohete arranca con una velocidad incial, pero acá la velocidad inicial arrancaba desde cero.

Funcionaba con una batería de 12 voltios. Se iba tocando la bornera de la batería para accionar el disparo de los cohetes. El piloto ejecutaba el disparo y el mecánico era el artillero que cargaba. Se diseñó un reloj especial para ir tirando cohete por cohete y evitar que salieran todos juntos.

El tobogán misilístico también fue único y una cohetera fue atada con alambre en la parte superior del mismo. La dirección del tiro se hacia moviendo la rampa de un lado a otro.

¿Qué pasó después de la guerra?

-La post guerra fue rara. Se nos trató como si hubiéramos ido a una comisión cualquiera; se nos restó importancia incluida nuestra Fuerza Aérea. Nos repartieron a diferentes lugares, nos aislaron entre nosotros y algunos oficiales no nos querían mucho por ser veteranos, sobre todo aquellos que no fueron. Por supuesto, no todos. Siempre digo que el mejor término utilizado para esta situación es «Desmalvinizar».

«Docencia en la post guerra«

En 1988 comencé a dar talleres de ajuste en la ENET 1, Jorge Newbery, durante 10 años y después también di clases en el colegio Los Andes.

Algunos alumnos míos ocasionalmente me preguntaban sobre la guerra. Yo les explicaba que la guerra es algo terrible y que yo no fui ningún Rambo. Simplemente había cumplido con la misión y con mi país. Muchos de mis alumnos eligieron la carrera de la Fuerza Aerea, eso fue una gran satisfacción para mí.

«Los Invisibles Soldados de Malvinas»

-Este es el título del libro que escribimos junto a oficiales y suboficiales de la Fuerza Aérea y es una recopilación de experiencias vividas durante la guerra. No contiene lineamientos castrenses ni políticos. Fue presentado en Paraná en 2021.

Nuestras comunicaciones nunca fueron interceptadas, por eso hablamos de «soldados invisibles». Este libro se encuentra disponible en diferentes partes del pais, incluido Bariloche. Tambien hay ejemplares en España y en México. También estamos viendo la posibilidad de hacer una versión en inglés.