ENTREVISTA al GD VGM (RE) José Eduardo Navarro del G A Aerot 4 durante la gesta de Malvinas

May 30, 2022

Por: Edgardo Garcia Meza

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Lunes 30 May 2022 A LAS 22 hs ENTREVISTA al GD VGM (RE) José Eduardo Navarro del G A Aerot 4 durante la gesta de Malvinas
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Combate de Darwin – Pradera del Ganso

Consolidada la “cabeza de playa” en Puerto San Carlos, el enemigo se preparaba para emprender la marcha hacia Puerto Argentino; las pérdidas sufridas por la flota británica y el costo en material y vidas humanas que esto aparejaba comenzó a minar el ánimo de la sociedad británica en relación con los escasos logros obtenidos en materia militar y, con el objeto de revertir esta tendencia en la opinión pública, se decidió atacar a las tropas argentinas desplegadas sobre el Istmo de Darwin.

En ese lugar se encontraba la Fuerza de Tareas “Mercedes” a órdenes del Teniente Coronel Piaggi, Jefe del Regimiento 12 (en total 643 efectivos al día 27 de mayo) y estaba compuesta por: el Regimientos de Infantería 12 (disminuido), la Compañía C del Regimiento 25 (disminuida), una sección de la Batería B del Grupo de Artillería de Defensa Antiaérea 601 (dos cañones Oerlikon de 35mm), una sección de tiradores del Regimiento de Infantería 8, un grupo de la Compañía de Ingenieros 9 y parte de la Batería A el Grupo de Artillería Aerotransportado 4 (tres obuses Otto Melara de 105 mm), a estos se le sumaban tropas y aeronaves de la Fuerza Aérea Argentina a cargo de la Base Aérea Militar Cóndor con 202 efectivos.

El Plan del Jefe de la Fuerza “Mercedes” consistía en defender el istmo de Darwin con esfuerzo principal hacia el norte, adelantando la Sección Exploración a Low Pass, y con la masa del Regimiento 12 y una sección del Regimiento 8 en primera línea y una sección de la Compañía C del Regimiento 25 como reserva, con la intención de retardar al enemigo hacia Goose Green. Fracciones de la Compañía C del Regimiento 12, defendería el sur del istmo y se mantendría una sección de la Compañía C del Regimiento 25 como reserva. Para apoyar la operación se emplearían los morteros disponibles, las 3 piezas de artillería y la artillería antiaérea del ejército y la fuerza aérea. Se prevé también el refuerzo helitransportado del EC Solari (con la Compañía B del Regimiento 12 y una sección de la compañía C del Regimiento 25 que se encontraba en proximidades de Puerto Argentino). Los británicos tenían previsto emplear para el ataque el 2do Batallón de Paracaidistas al completo, reforzado con parte del 40 Batallón de Infantería de Marina y apoyado por una batería de cañones de 105 mm, dos fragatas para cañoneo naval y los aviones Harrier en apoyo directo.

soldados argentinos en Darwin

En la tarde del día 27, se produjeron ataques aéreos ingleses sobre las posiciones argentinas. A las 22:50 hs se desató un cañoneo naval sobre la Compañía “A” del RI 12, y durante la madrugada del 28 de mayo, la Infantería inglesa se lanzó sobre las posiciones argentinas con intenso fuego de morteros y ametralladoras, la Compañía A al ser sobrepasada comienza el repliegue bajo el intenso fuego de artillería y armas automáticas. El centro de gravedad del ataque enemigo provenía desde el norte. Los argentinos contraatacaron, apoyados por sus morteros de 81 y 120 mm que ejecutaron fuego sobre la retaguardia enemiga y combatiendo en forma decidida. El sector Oeste había cedido pero, peleando cuerpo a cuerpo se logró restablecer la situación y reconstituir el frente. Agotada la munición, la Sección Apoyo se replegó y a las 6:00 hs, el masivo volumen de fuego inglés fue reduciendo las defensas argentinas.

Se ordena el alistamiento de la Sección de Reserva a cargo del Teniente Roberto ESTÉVEZ que ocupa una posición de defensa en la escuela, al norte de Goose Green, imponiéndole la misión de ejecutar un contraataque en dirección NO para aliviar la presión del enemigo sobre la diezmada Compañía A del Regimiento 12 y así recomponer la 1ra línea. El teniente Estévez ocupó una posición en la Escuela Pradera del Ganso y ejecutó un contraataque en Boca House que causó muchas bajas al enemigo, logrando el objetivo de recomponer la primera línea de defensa. Durante este duro combate, perdió la vida el mismo Estévez quien a su vez por medio de un equipo de radio dirigía el fuego de artillería patria. Luego de la muerte del bravo teniente continuaron sus hombres dirigiendo el fuego que batía las posiciones enemigas, a través del equipo de comunicaciones, primero el cabo Mario Castro, y luego de su muerte, el soldado Fabricio Edgar Carrascul, quienes ofrendaron su vida en cumplimiento de la misión siguiendo el ejemplo de Estévez. A las 8:30 hs las fracciones del RI 12 y RI 25 había experimentado muchas bajas y los sobrevivientes se replegaron al poblado, cubiertos por el fuego de dos morteros de 81 mm, a cargo del subteniente Marcelo Raúl Colombo, que batían el Norte de las posiciones para permitir el repliegue de los efectivos.

La Batería A del Grupo de Artillería Aerotransportado 4 que con solo tres obuses operando al momento del combate al mando del Teniente 1ro Carlos Alberto Chanampa, se esfuerza para mantener el régimen de fuego y satisfacer los insistentes pedidos de apoyo. Los efectos de sus obuses a partir del amanecer, orientados por observadores del Regimiento 12, se hacen más efectivos sobre las posiciones enemigas. La cantidad de proyectiles disparados por estas piezas sobrepasaba lo recomendable, tanto es así que al momento de finalizar el combate, los ingleses no creían que tan pocas piezas hubieran disparado tanto y producido los estragos que produjeron. Un ataque aéreo de aviones Aermacchi de nuestra Armada junto a aviones Pucará de la Fuerza Aérea se suscita sobre el campo de batalla y junto a la artillería y la resistencia de la abnegada infantería paralizan el avance británico, quienes se repliegan hacia el norte.

Los efectivos del Equipo de combate Güemes que habían logrado sustraerse a la acción enemiga en San Carlos, a cargo del Teniente 1ro Esteban y que se encuentran reorganizándose en Puerto Argentino, reciben orden de alistarse en la noche del 27 de Mayo para su traslado por helicópteros a Goose Green. El traslado se efectúa a partir del 28 de Mayo, en helicópteros del Ejército Argentino. La fracción logra arribar a la zona aproximadamente a las 9:30 hs, desembarcando aproximadamente a 8 Km al Sur de Goose Green. El movimiento aéreo se efectúa, prácticamente, a ras del piso, para eludir la detección del enemigo. Luego del desembarque, dos helicópteros a cargo del Capitan Swendsen y del Tenientete Florio descienden en Goose Green bajo el fuego enemigo para evacuar heridos a Puerto Argentino. La fracción a cargo del Teniente 1ro Esteban es batida por fuego de artillería enemiga, por lo que despliega y avanza hasta Goose Green, siguiendo el contorno de la playa y a las 10.30 hs efectúa su presentación en la localidad al jefe de la Fuerza de Tarea y se interioriza de la situación.

Mapa del Combate de Darwin

Mientras tanto los efectivos a cargo del subteniente Juan José Gómez Centurión contraatacaron vigorosamente y lograron alcanzar alturas ubicadas a dos kilómetros al norte de Pradera del Ganso. A las 12.30 hs, el enemigo inglés lanzó un masivo ataque final. Su fuerte fuego de artillería de campo y morteros castigaron las posiciones que ocupaban una sección de tiradores del Regimiento de Infantería 8, la Compañía “A” del Regimiento 12 de Infantería y efectivos de la Compañía de Servicios del mismo regimiento en Darwin. En estos combates se destaca, por su valor y ejemplo personal, el Subteniente en comisión Ernesto Peluffo, quien a cargo de personal de los servicios se multiplica, dirigiendo la acción de sus subordinados y reabasteciéndose de la munición del personal caído, rechazando una y otra vez los ataques ingleses en su sector. Finalmente, el Subteniente es herido de consideración en la cabeza, y aun así, ordena el repliegue de sus hombres manifestando su decisión de permanecer en el lugar para protegerlo, temperamento que no es aceptado por su personal, quien luego de grandes esfuerzos logra evacuarlo hacia propias líneas. La Compañía C del Regimiento 12 se ha replegado hasta el linde Sur de la localidad y combate con efectivos enemigos que la atacan por el Oeste y desde el Sur. Constantemente llegan a la población efectivos dispersos, algunos heridos, otros exhaustos. Se combate en el sector de la Escuela al Norte de Goose Green, en forma intensa, mientras que con efectivos equivalentes a 2 Secciones de la Compañía “C” del Regimiento de Infantería 25 se ha organizado, para la defensa, del perímetro de la localidad.

Los dos cañones Oerlikon de 35mm que allí se encontraban, a esta altura del combate dejan de apuntar sus cañones al cielo y ejecutan tiro terrestre con el objeto de detener el avance enemigo, pronto dejarán de tronar, quedando silenciosos hacia el final al combate. La situación se hizo insostenible para los efectivos del Ejército Argentino que habían combatido hasta el límite de sus posibilidades. A las 21:30 hs del 29 de mayo, el Jefe de la Fuerza de Tareas “Mercedes” informó que la situación ya no podía sostenerse. A las 11:00 hs del 30 de mayo se produjo el cese de fuego y el final de uno de los más encarnizados combates terrestres de la campaña de las Malvinas.

LA MISIÓN IMPOSIBLE DEL GUARDACOSTAS ARGENTINO QUE ENFRENTÓ OLAS DE NUEVE METROS Y DERRIBÓ UN AVIÓN ENEMIGO

Eran naves de río pero tenían que llegar a Malvinas con soldados y armas. Se lanzaron al océano, enfrentaron olas monstruosas y soportaron el ataque de los Sea Harrier. Se hundieron con honor. Fue la primera batalla aeronaval de la historia patria. Y el cabo Ibáñez, su gran héroe.

Por Alfredo Serra

a Prefectura Naval Argentina recibe una orden: «Poner en marcha la Operación Cormorán». Parten hacia las lejanas hermanas los guardacostas Islas Malvinas y Río Iguazú, dos aviones Short Skyvan PA 50 y el helicóptero Puma PA 12.

Esa partida ya es una hazaña. Porque los guardacostas sólo son aptos para funciones de policía en las costas de los ríos.

Su tamaño es cinco o más veces menor que los guerreros del mar: acorazados, fragatas, cruceros…

Largo (eslora): 27 metros. Ancho (manga): un poco menos de 6 metros. Peso: 79 toneladas. Dos motores. Combustible a full: 11 mil litros (diesel). Arma: una ametralladora Browning calibre 12.7… de la Segunda Guerra Mundial. Tripulantes: 15.

Pero el 13 de abril, cinco minutos antes de las dos de la madrugada, azotados por olas de hasta nueve metros, y evadiendo el bloqueo británico… ¡entran en aguas de Malvinas!

Como dos pequeños peces entre ballenas y tiburones…

¿La misión? Llevar a tierra dos cañones de 105 milímetros.
 Peso: entre 1.500 y 1.700 kilos cada uno. Sólo era posible llevarlos en partes, porque enteros hubieran hundido a los guardacostas.

Además del enemigo, las olas los amenazan con dos formas de naufragio: vuelta de campana o hundimiento de proa.

Muchos días después, ya caído Puerto Argentino y prisioneros algunos tripulantes, los ingleses –históricamente, reyes de los mares– se resisten. No creen. No comprenden que esas «cáscaras de nuez» –definición de un oficial inglés– hayan roto la barrera río–mar, y sin ningún apoyo, llegaran a esas islas golpeadas eternamente por el salvaje Atlántico Sur…

Interrogando a los prisioneros, desconfían.
«¿No tuvieron protección aérea?»
 
«¿No tuvieron una nave–madre que los guiara?».
 Y la respuesta siempre es «¡no!»

Con un hito grabado en el bronce. Porque el 22 de mayo, mientras el Río Iguazú navega por la bahía Button llevando tropas y material bélico, además de partes de los cañones, lo atacan tres Sea Harriers.

¡Primer combate aeronaval de la historia patria!

 “Después, nuestro guardacostas encalló. Caminamos más de mil metros con los heridos y el finado envuelto en una frazada, hasta que un avión argentino nos rescató”, cuenta Ibáñez

El único artillero, cabo Julio Omar Benítezcae muerto bajo la metralla enemiga. El guardacostas queda inerme.

Entonces es la hora de la desesperación, o del heroísmo.

El cabo José Raúl Ibáñez, a cargo de la sala de máquinas –ya averiada e inundada– empuña la ametralladora, derriba a uno de los Sea Harrier, y los otros dos se baten en retirada.

Hasta ese instante, el maquinista Ibáñez jamás había disparado una ametralladora. Correntino, de 24 años ese día, soltero, cuenta hoy…

«Es cierto, nunca disparé. Sólo la conocía de mirar a Benítez y a otros artilleros en distintos viajes, de puro curioso, mientras tomábamos mate… Pero después del primer ataque, que averió e inundó mi sala de máquinas, subí a la cubierta, vi a Baccaro herido y arrastrándose, y a Benítez moribundo, y ni siquiera lo pensé. Abrí fuego contra el avión inglés, que largó una columna de humo, perdió altura, y cayó al mar«.

«Después, nuestro guardacostas encalló. Caminamos más de mil metros con los heridos y el finado envuelto en una frazada, hasta que un avión argentino nos rescató».

«Hoy tengo mujer, dos hijos, y además de recibir algunas medallas de la Prefectura, me han nombrado Hijo Dilecto de Corrientes».

“Después del primer ataque, que averió e inundó mi sala de máquinas, subí a la cubierta, vi a Baccaro herido y arrastrándose, y a Benítez moribundo, y ni siquiera lo pensé. Abrí fuego contra el avión inglés”, recuerda hoy Ibáñez

Juan Baccaro, ayudante mayor, apenas pasadas las ocho de la mañana y alcanzado por la metralla, se desangraba. Su cuerpo estaba lacerado por 72 esquirlas, de las que le quedarían 61 para siempre…

Pedro Mele, que también llegó a prefecto, ese 22 de mayo tenía esposa, dos hijos, y apenas 22 años. Era copiloto de un helicóptero Puma.

En una entrevista recordó que «teníamos miedo, pero ese miedo sano que nos mantiene alerta. Después de cumplir varias misiones –unas 25 salidas y 60 horas de vuelo–, un bombardeo naval enemigo dañó nuestros sistemas de transmisión e hidráulico, y allí terminó todo. Doble dolor, porque muy poco antes, el 15 de marzo, había muerto mi primer hijo, y mi esposa, Elisa, y mi madre, sufrieron mucho cuando partí» .

Osvaldo Aguirre, que alcanzó el grado de prefecto mayor, tenía entonces 26 años y era primer oficial del guardacostas Islas Malvinas. Averiada su nave y a punto de hundirse luego de ese primer ataque, cayó prisionero. Durante 30 días fue el preso número 607. Volvió al continente el 14 de julio.

Este es su testimonio: «El rol de la Prefectura Naval Argentina en las islas Malvinas fue cumplir con las funciones como autoridad marítima de policía sobre navegación y seguridad de los puertos. Estuve a cargo del guardacostas 82 Islas Malvinas. En la primera etapa conocí, patrullé, ¡y nos encontramos con la guerra! Mi guardacostas entró en combate el 1° de mayo de 1982 con un helicóptero de exploración inglés Sea King, a las tres de la tarde. En la contienda cayó herido el cabo segundo Grigolatto, maquinista, con una herida en el abdomen, pero acertando seis impactos contra el helicóptero Sea King inglés. Terminada la guerra estuve prisionero de los ingleses durante treinta días. ¿Mi reflexión? El rol que cumplió la Prefectura logró que los ingleses nos respetaran. Eso me reconforta».

Aguirre contó, además, que los ingleses le pagaron las 8 libras de sueldo que en ese momento exigía la Convención de Ginebra. Que no sufrió violencia, pero sí vejación moral: sacarse la ropa, y después ser interrogado en medio de un campo, mientras un soldado lo apuntaba con su fusil.

Y en ese interrogatorio, otra vez el asombro. Porque lo que realmente querían saber… «era cómo habíamos podido cruzar el Atlántico… ¡con esos barquitos que sólo sirven para navegar por el río!».

El secreto: un combustible esencial, y por lo tanto, «invisible a los ojos» según el escritor y aviador Antoine de Saint Éxupery (1900-1944) en su libro «Le Petit Prince».

Sí. «El Principito». Un best seller eterno y para la eternidad.

¿El combustible?
El alma.