«El efecto del fuego de artillería es transitorio»

Abr 27, 2022

DeySeg

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Como subteniente de artillería, José Eduardo Navarro participó de los violentos combates en Darwin – Goose Green los días 28 y 29 de mayo de 1 982.

¿Cuál era su destino al momento de desatarse el conflicto? 

Teniente Coronel Navarro: Había egresado como subteniente a fines del año ´81 y fui destinado al Grupo de Artillería Aerotransportado 4, pasando a revistar en la Batería de Tiro «B» como auxiliar del Oficial de Batería. Recuerdo que hasta el 2 de abril nos encontrábamos adiestrando a los soldados de la clase recientemente incorporada cuando al igual que al resto de los argentinos, nos sorprendió la noticia de la recuperación de las islas. A partir de ese momento nos alistamos para participar del conflicto pero como parte de una Fuerza de Tareas de paracaidistas, hasta que aproximadamente el 25 de abril en la formación de la mañana el Jefe de la Unidad nos ordenó que iniciáramos el alistamiento de los medios porque a partir de las 21.00 horas embarcaba el primer vuelo hacia Comodoro Rivadavia y luego, una vez reunidos todos los efectivos partíamos a las Islas Malvinas. 

La emoción de los soldados, de los oficiales y suboficiales era enorme. En aquel momento creo que el Jefe adoptó una decisión muy acertada al aclarar que solo quería llevar al personal que voluntariamente estuviese convencido y así es que para sorpresa de todos nosotros, solamente unos pocos se negaron a la convocatoria. Al día siguiente ya estábamos en el aeropuerto de la ciudad de Comodoro Rivadavia y pocas horas después junto con el subteniente Mancini y dos suboficiales aterrizamos en las Islas. El día estaba nublado con mucho viento y caía una especie de agua nieve, sin embargo, nos sentíamos muy felices, era cumplir con el sueño que todo argentino acunaba desde pequeño en la enseñanza de la escuela primaria, cual es recuperar nuestras islas. Había en todo el aeropuerto un espíritu que se contagiaba entre todas las tropas por el orgullo que sentíamos de lo que estábamos haciendo y viviendo. Realmente un recuerdo muy emotivo.

Imagen de portada

¿Cuáles eran las armas de la unidad y que consideración puede hacer de las mismas en cuanto a su efectividad en la Batalla? 

Navarro: Las tres unidades de artillería de campaña desplegadas en Malvinas —GA 3; GA Aerot 4 y el BIAC de Infantería de Marina- disponíamos del mismo material lo que favoreció tremendamente el apoyo logístico y el abastecimiento de la munición, me refiero concretamente al obús Oto Melara M-56 de 105 mm y 14 calibres de tubo de origen italiano, y sobre el final de la batalla se recibieron unas pocas piezas de los cañones argentinos 155 mm en Puerto Argentino. 

Uno de los mayores problemas que tuvimos que enfrentar y que nos condicionó totalmente durante el desarrollo de las operaciones fue no disponer de los vehículos para el arrastre de las piezas. Ello se debió a que el buque donde se habían cargado todos los materiales de nuestra Unidad, no partió desde el continente a las islas producto del bloqueo naval inglés que para esta fecha se había ampliado producto de la falla en las negociaciones diplomáticas. Esto afectó enormemente nuestras posibilidades de movilidad, y como consecuencia, no podíamos cambiar de posición y tampoco acercar nuestros fuegos durante la aproximación del enemigo. 

Acerca del rendimiento en sí del obús le diría que fue muy confiable, un material muy noble que resistió notablemente las exigencias propias del fuego como así también las adversas condiciones meteorológicas de temperaturas muy bajas y de humedad extrema y permanente. Lo que ocurre es que se trata de un arma diseñada fundamentalmente para el combate en la montaña, logrando excelentes resultados en ese tipo de ambiente por su acondicionamiento sobre lomo de mula, en terreno de difícil acceso y disparando con altos grados de elevación, pero que tiene como limitación un alcance máximo de 10,5 km, muy poco si se le suma la falta de movilidad que teníamos en las islas. 

Asimismo, nos encontramos con un suelo muy blando que hacía enterrar las flechas del obús de una manera que nunca habíamos imaginado, lo que nos producía graves problemas porque nos impedía desplazar rápidamente el material hacia otra posición o dirección de tiro. Como los montes de Malvinas son bajos y de pendiente suave, el cañón inglés «Light Gun» del mismo calibre, pero de tubo más largo, nos aventajaba en el alcance, tiraba a 17 Km y si a ello se le suma el disponer de plato giratorio para dirigir el tiro en los 360º y una gran movilidad por el desplazamiento en helicópteros, concluimos que el combate de ambas artillerías fue desigual.

Obús Oto Melera M-56 de 105mm en una posición en las afueras de Puerto Argentino.

¿Cómo se desarrollaron sus días en Malvinas? 

Navarro: Fueron dos etapas bien definidas. La primera de ellas desde mi llegada hasta el 20 de mayo estuve en Puerto Argentino formando parte de la Unidad y luego cuando fui destinado a Goose Green para apoyar con nuestras armas a la Fuerza de Tareas «Mercedes» constituida por el Regimiento de Infantería 12 (disminuido), la Compañía «C» del RI 25, la BAM «Cóndor» de la Fuerza Aérea y la Sección del GADA 601 con dos piezas AA Oerlikon de 35 mm. 

En Puerto Argentino nos sentíamos en un total clima de guerra desde el 1ro de mayo cuando se produjo el primer ataque aéreo. Creo que hasta ese momento todos interiormente sentíamos que la solución pacífica del conflicto podía llegar a lograrse, pero a partir de ese día nos dimos cuenta que había que prepararse para lo peor. Fue así que comenzamos a recibir permanentes bombardeos navales en la propia posición de fuego durante casi todas las noches, se iniciaban con un lanzamiento de proyectiles iluminantes que dejaban la posición totalmente visible a sus observadores y luego las series de explosiones. Realmente como artilleros nos sentíamos muy mal porque no podíamos responder con nuestros propios fuegos esos ataques enemigos debido a la falta de alcance del material y eso realmente es desesperante porque uno siente que no está cumpliendo con su misión.

Pero lo que rescato de esta etapa es el profundo espíritu de cuerpo que se había logrado, se compartía todo, lo poco que teníamos de ropa, de alimentos y hasta inclusive los propios refugios. Ocupamos la mayor parte del tiempo dando instrucción y perfeccionando las obras de fortificación, que tuvimos que rehacerlas en su totalidad porque las iniciales que eran enterradas como lo decía nuestra doctrina, se inundaron totalmente de agua. A partir de allí las construimos sobre la superficie colocando tambores de 200 Its como paredes y rellenándolos con tierra, algo que con aquel suelo, cansancio, lluvia, viento etc, se hizo muy duro, pero que valió la pena porque después con los bombardeos permitió que se salvaran muchas vidas.

Dado el escaso frente de unos 3 km del istmo y los casi inexistentes medios de movilidad ¿no hubiera sido más adecuado llevar morteros pesados?

Navarro: Es posible, pero ocurre que días antes de nuestra llegada había varado en Darwin el transporte «Monsunen» y en sus bodegas había una carga de 2000 tiros de 105 mm. Entonces lo más fácil fue llevar inicialmente los obuses. Aparte de ello el Regimiento de Infantería había sufrido el mismo problema que nosotros con el buque y sus morteros de 120 mm no habían podido llegar a la zona de operaciones.

¿Cómo se trasladaron desde Puerto Argentino? 

Navarro: De repente una noche como a las 22 el Jefe de Unidad me ordena que me presente en su Puesto Comando y allí me imparte la orden de alistar dos piezas de artillería porque tenía que constituirme en el apoyo de fuego de las tropas que se encontraban en Darwin.

El hecho es que tuvimos que transportar las piezas en un buque de la Prefectura Naval, el Patrullero «Río Iguazú» (1), pero por su escaso tamaño nos obligó a desamar completamente el Obús Oto Melara y cargar las partes más grandes en la cubierta y las otras más pequeñas en la bodega. 

Es un hecho poco difundido en el Ejército, no así en la Prefectura Naval, pero la cuestión es que al cabo de unas horas de navegación sufrimos el ataque de dos aviones Harrier que nos dejaron fuera de combate. Confieso que para un hombre del ejército no es muy agradable navegar en mar abierto y menos aún que comiencen a atacarlo porque uno no sabe de que manera actuar para enfrentar esa situación, todo transcurre de manera vertiginosa, con esquirlas que se reproducen por efecto del material con que está construido el casco del buque, los espacios para desplazarse son muy estrechos y hasta desconocidos para nosotros que habíamos embarcado hacía dos escasas horas. 

Finalmente debimos arrojarnos al agua a unos 20 metros de la costa después que el buque encalló. Realmente los soldados se comportaron muy bien porque reaccionaron de inmediato y tuvimos la enorme suerte de no sufrir ninguna baja, solamente una herida del Soldado Gonzales al que lo salvó la hebilla del cierre del douvet porque allí le quedó incrustada una esquirla que apenas alcanzó a abrir un corte en la garganta. 

La tripulación tuvo un muerto y dos heridos y además pudieron derribar un avión con la ametralladora de 12,7 mm. Además, quisiera destacar un hecho poco conocido. Cuando la patrullera queda varada en la playa. había marea alta y todos saltamos para alcanzar la orilla. Una vez en tierra. el soldado conscripto Rodolfo Sillín volvió nadando a la lancha. la abordó por la popa, pese a las llamas y el humo y arrojó al agua los dos barriles salvavidas que se abrieron de inmediato. Luego ingresó a la nave y rescató ropas. mantas, remedios. víveres, armas y hasta tuvo la lucidez necesaria para recuperar el Pabellón y la placa de la nave. Cargó todo en las balsas y volvió hasta la costa siendo posteriormente esos elementos de gran utilidad (2).

¿Qué fue de los cañones? 

Navarro: Quedaron bajo el agua dentro de la lancha. Al día siguiente y con una gran incertidumbre por quien concurriría primero a nuestro rescate, si las propias tropas o los ingleses, explotamos de alegría al ver un helicóptero de la FAA que se distinguían por una franja amarilla. 

Luego de ello, volvimos con el subteniente Gómez Centurión del RI 25 que había conseguido un traje de buzo y con gran esfuerzo logramos sacar cada una de las partes de uno de los obuses. Un helicóptero «Chinook» los transportó a Goose Green. De la misma manera lo hicimos al otro día con el otro obús y la ayuda de un alférez de la FAA que se ofreció de voluntario y toda la sección del Subt Gomez Centurión. 

Una vez arribados a Goose Green, amamos refugios para el personal y preparamos las posiciones para los obuses. En esta localidad, al sur del istmo se había organizado una posición defensiva muy bien preparada por los efectivos del RI 12 y del RI 25 con un campo minado por delante, pero inesperadamente, llegó una orden del Comandante de la Brigada III, general Parada, de adelantar las posiciones por delante del campo minado mencionado, transformando lo que era una fuerte posición defensiva en una acción retardante. 

El día 25 a la noche, se adelantó una pieza y se realizó fuego de hostigamiento hacia sectores donde se presumía podían estar los ingleses de acuerdo a los informes de Inteligencia. Esta modalidad de disparo tiene por finalidad perturbar al enemigo en su descanso o momentos de inactividad. Durante esta acción, el obús quedó fuera de servicio al romperse la cuna inferior. 

Sin dudas el agua de mar había afectado las juntas que retienen el líquido hidráulico. Retomamos a Goose Green y solicité el repuesto a Puerto Argentino, y así el día 26 de mayo llegaron en un helicóptero de la Fuerza Aérea, el teniente 1ro Chanampa, el subteniente Zanella y unos doce hombres junto a otros dos obuses y un Jeep MB.

Helicóptero Chinook de la FAA utilizado para el transporte de efectivos y obuses a Goose Green.

¿Cuándo comenzó el ataque inglés? 

Navarro: A la madrugada del día 28. El ataque tomó a las tropas de avanzada con sus posiciones inconclusas con un nutrido fuego de morteros, lanzacohetes y amas automáticas. 

La Batería tenía en ese momento una pieza adelantada ejecutando fuegos de hostigamiento así que inició inmediatamente el repliegue. Mientras tanto el resto de los obuses abrieron fuego de inmediato siendo el mismo reglado por los oficiales de las compañías de infantería de avanzada. 

En las primeras horas, se perdieron muchos efectivos que no pudieron replegarse al quedar aferrados por la violencia del combate. Sin embargo, con las primeras luces del día, pudimos divisar al enemigo y realizar fuego directo a distancias del orden de los 600 a 1000 metros. 

La defensa se fue tornando más efectiva porque se sumaron los cañones AA de 35 mm que hicieron tiro terrestre, se dispararon cohetes de aviones Pucará desde tractores e incluso las posiciones de infantería mejoraron la efectividad de sus armas portátiles. 

También atacaron un Aermacchi de la Aviación Naval y dos Pucará. Si bien todos pudieron lanzar sus armas fueron finalmente derribados. De los pilotos sólo sobrevivió el Mayor Tomba de la Fuerza Aérea a quién encontraríamos posteriormente en el campo de prisioneros. 

El enemigo fue impedido de avanzar a partir de las elevaciones existentes al borde de Darwin por varias horas de intensos fuegos de todas las armas. Al caer la luz recién pudieron progresar y enviaron un par de prisioneros con un mensaje proponiendo el cese del fuego bajo advertencia que no se hacían responsables por la vida de los civiles que allí habitaban.

¿Cómo fue el comportamiento de los conscriptos a sus órdenes?

Navarro: Excelente y estoy muy orgulloso de ellos. A pesar del escaso racionamiento, de la falta de descanso adecuado, del desgaste sufrido por el ataque y el hundimiento del Río Iguazú siempre cumplieron acabadamente con su misión y jamás tuve de alguno de ellos, un gesto de mala gana o de indisciplina, todo lo contrario. Ellos llevaban un año de incorporado y yo tan solo tres meses, así que su comportamiento era lo que más me impulsaba a no aflojar. 

Vale recordar que debido a la falta de vehículos, el traslado de munición era manual y en plena batalla se debían recorrer 200 metros desde el depósito hasta la posición de los obuses. En un momento crítico se nos unió personal de la FAA para colaborar en esta tarea hecho que con el tiempo uno aprende a valorar y reconocer.

¿El enemigo disponía de artillería en Darwin?

Navarro: De campaña no, pero disponían de apoyo de fuego naval (fragata HMS «Arrow») cuyo cañón tiene una cadencia mucho mayor que los de campaña. 

El avance inglés era cubierto igualmente por fuego de morteros, misiles y ataque de aviones «Harrier». Recuerdo que ese fuego nos obligó a efectuar un cambio de posición que salvó muchas vidas porque nos permitió ocupar una mejor ubicación de las vistas enemigas y mejor visión de lo que ya era a la mañana un combate con puntería directa. 

En un momento del día, personal enemigo ocupó la escuela que estaba a unos 500 metros de la posición para reglar desde allí el fuego de sus morteros. Informados de la situación disparamos nuestras armas y la escuela se incendió rápidamente lo que produjo un gran efecto moral de nuestra gente porque ahora sí podíamos ver el efecto de nuestros fuegos, y como personal enemigo corría hacia su retaguardia. 

Otro hecho curioso fue la manera en que se incendiaba la turba que cubre la pradera debido a la munición trazante, lo que producía un terrible ambiente de llamas y humo en toda la zona del combate.

Producto del fuego de combinado de artillería antiaérea y de campaña producen la destrucción de la escuela ubicada en las afueras de Goose Green. 

¿Fue efectivo el fuego de la artillería propio?

Navarro: El enemigo así lo reconoció en sus memorias de guerra y en varios libros escritos por los que allí combatieron, ya que logró por algunas horas frenar su avance durante todas las horas de luz del 28 de mayo, Allí nosotros llevamos la mejor parte porque podíamos distinguir los blancos y combinar todo tipo de fuegos ya que disponíamos de munición explosiva y fumígena con espoletas instantáneas, a retardo y a tiempo. 

No obstante ello, el efecto del fuego de la artillería siempre es transitorio y cuando logra aplastar al enemigo y aferrarlo contra el terreno, deben avanzar y maniobrar las propias fuerzas de infantería para reconquistar el terreno cedido. 

La nuestra es un arma de apoyo cuyos efectos como dije antes, duran un escaso tiempo que debe ser muy bien aprovechado, de lo contrario se diluye sin éxito alguno.

¿Se podría haber resistido?

Navarro: Se podría haber resistido, pero a mi juicio bajo esas circunstancias no tenía sentido. Las tropas estaban agotadas, los recursos escasos y encerrados casi dentro del poblado en el que por otra parte había residentes isleños.

Aquí valen algunas consideraciones: el objetivo estratégico a conservar por nuestra parte o para conquistar por la parte inglesa, era Puerto Argentino y no Darwin. Si los ingleses se hubiesen dirigido directamente a la Capital nosotros nos hubiéramos sumado a la situación de Bahía Fox o de Puerto Howard en la Gran Malvina ya que no teníamos medios para trasladarnos a Puerto Argentino para un eventual refuerzo. 

Creo que aún habiendo puesto en retirada al Regimiento 2 de Paracaidista inglés, ello no hubiera cambiado el final de la batalla e indefectiblemente se habrían incrementado notablemente las bajas de ambos lados. Creo que la suerte estaba echada a partir del momento en que se cambió la posición defensiva y se sacó a nuestra infantería de sus mejores posiciones, donde ellos mismos se sentían seguros. Allí todo estaba planificado, medido, observado, y hasta el apoyo logístico estaba en las distancias adecuadas.

Creo que el objetivo inglés en Darwin fue más político que militar, necesitaban de una victoria inicial que los impulse y apoye moralmente y por ello el apuro por recuperar este caserío. Desde este punto de vista seguramente fue un gran triunfo para ellos, pero no debemos olvidar que también fue una dura advertencia que las tropas con que se estaban enfrentando cobraban cara su derrota, primero en San Carlos, luego aquí en Darwin y que por lo tanto lo mismo o peor les costaría la conquista de Puerto Argentino.

¿La Batería de Artillería de la que formó parte tuvo bajas?

Navarro: Gracias a Dios aquí en Darwin con todo lo que vivimos entre el hundimiento del buque , los ataques aéreos y el combate sólo tuvimos dos heridos leves. Un soldado que perdió un dedo y otro al que una esquirla de tamaño considerable se le incrustó en la empuñadura de la pistola y le hirió levemente la nalga. 

Obús después de la batalla

(1) Ver revista DeySeg Nro. 2 «La Río Iguazú cumplió su misión”. 

(2) El s/c 63 Sullín fue condecorado por esta acción. Era hijo del Comandante del Rompehielos «Alte Irízar» y tenía escasas semanas de incorporado al Servicio Militar. Se reencontró con su padre cuando los ingleses lo entregaron en carácter de prisionero al “Irizar”.

Este reportaje se realizó en el año 2002 al entonces Teniente Coronel Navarro con motivo de los 20 años de Malvinas. 

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