Finalmente, la consultora analizó que “desde el mes de mayo se observa una preferencia por los plazos fijos menores a 60 días, evidenciando un mayor atractivo por las colocaciones de corto plazo”.

Para el economista Sergio Chouza, el crecimiento anual de los depósitos en pesos está relacionado con la emisión monetaria realizada para financiar el gasto por la pandemia, con políticas públicas como el IFE y el ATP. “Eso implicó casi $2,5 billones de transferencias en el año y esos son más pesos que circulan. Algunos van a comprar bienes de consumo, otros van a comprar bienes de capital, otros a ahorrarse contra dólar y otros se quedan en el sistema financiero en moneda local. Por eso está ese crecimiento en términos reales significativo de los depósitos privados”, sostuvo el analista a Ámbito.

Al analizar el tipo de esos depósitos, Chouza remarcó: “En un contexto de una macroeconomía que todavía no está estabilizada, es lógico que haya una preferencia por la liquidez y entonces es más lógico que en esa proporción haya menos depósitos a plazo que dinero líquido en las cuentas corrientes. No obstante, también han crecido los plazos fijos en pesos: tanto los tradicionales como los UVA ajustados por inflación, y esto es producto de que el Banco Central hizo una política de tasa de interés para los ahorristas minoristas que fue, en este contexto, bastante importante. Dio un piso de tasa de interés que en otros años no había y permitió que en la mayoría de los meses, la tasa minorista le ganar a la inflación de ese mes”.

“Que haya un aumento de depósito a la vista, más que a plazo, habla de la incertidumbre. Es dinero que a la brevedad espera tener otro destino. El depósito a plazo fijo hoy funciona más que nada para quienes prefieren tener un ingreso previsto en un cierto momento a futuro y saben que, aunque pierdan contra la inflación, ese flujo es útil en determinado momento”, analizó Martín Kalos, director de EPyCA Consultores.

Por fmluzucom

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