«Es un programa político ambicioso», reconoce Shai Akabas, encargado de la política económica en el centro de reflexión Bipartisan Policy Center.

Al igual que el expresidente Barack Obama, bajo el que Biden fue vicepresidente, el futuro inquilino de la Casa Blanca asumirá sus funciones en un momento de dificultades económicas.

El plan de asistencia de 2,2 billones de dólares adoptado en marzo por la administración Trump amortiguó el impacto de la crisis provocada por la pandemia. Pero esas ayudas empezaron a expirar a finales de julio, y el Congreso no se puso de acuerdo para extenderlas.

El lanzamiento de un nuevo plan de ayuda podría ser, por tanto, uno de los primeros temas espinosos para Biden, que tendrá que lidiar con un Congreso que podría estar dividido entre una Cámara de mayoría demócrata y un Senado dominado por los republicanos.

Otro de los puntos a los que deberá hacer frente el futuro mandatario es la recaudación tributaria. En 2017, Trump redujo drásticamente los impuestos dirigidos a los más poderosos.

Según Mark Duggan, director del Instituto de Investigación sobre Políticas Económicas de Stanford, el plan de Biden es aumentar los impuestos a las grandes empresas del país y a las personas que cobren más de 400.000 dólares al año. «Para las personas de altos ingresos», los cambios de política fiscal «serán bastante importantes», considera Duggan. Para los demás «serán mínimos».

Esa alza de impuestos para los ricos podría generar nuevas fuentes de ingreso a corto plazo, pero demorar la reactivación económica y las ventajas del plan de recuperación, «al aumentar mucho las tasas para los empleadores», advirtió Kyle Pomerleau, del American Enterprise Institute.

La hoja de ruta para la economía de Biden incluye, por otra parte, 1,3 billones de dólares de inversión en las infraestructura, el aumento del salario mínimo, de las licencias por enfermedad, así como una política para estimular la producción nacional.

En tanto, en el ámbito exterior, Biden deberá encontrar una forma de unir al Partido Demócrata respecto a la política comercial, en un momento en que el país está enfrascado en conflictos con Europa y China.

Según el banco de inversiones JP Morgan, el nuevo presidente intentará probablemente rebajar las tensiones con Pekín sin modificar inmediatamente el acuerdo bilateral. Cuando actúe, lo hará de forma conjunta con sus aliados en Europa, al contrario del enfoque unilateral de Trump, según JP Morgan.

«La administración Biden seguirá deshaciendo los vínculos tecnológicos con China, pero lo hará sistemáticamente en el seno de las estructuras de la normativa nacional e internacional», anticipa el banco en un informe.

Una de las principales dificultades para el nuevo gobierno será el déficit presupuestario, que subió hasta los 3,1 billones de dólares en el último ejercicio finalizado el 30 de septiembre, debido a los gastos de emergencia relacionados con el coronavirus.

Duggan, un exmiembro de la administración Obama, afirmó que el aumento de los impuestos previsto no bastará para reducir ese déficit en el contexto actual.

Por fmluzucom

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