Con una obra polifónica de 14 artistas y escritores, Argentina dice presente en Documenta

Jun 16, 2022
El libro de las diez mil cosas Exposicion Obeid Sagasti Foto Prensa
«El libro de las diez mil cosas» – Exposicion Obeid Sagasti // Foto Prensa

Materia, sensorialidad y una práctica imaginativa más que humana definen la nueva edición de la emblemática Documenta de Kassel que abre al público este sábado en Alemania con aporte argentino: catorce escritores y artistas participan en «El libro de las diez mil cosas», una iniciativa del grupo «La Intermundial Holobiente» ideada por Claudia Fontes, Paula Fleisner y Pablo Ruiz que se plantea como una construcción colectiva ubicua en el evento de arte contemporáneo que lleva como lema «Lumbung» o granero de arroz, rector de la curaduría artística propuesta por el colectivo indonesio ruangrupa.

Los próximos 100 días de la feria que se realiza en la ciudad de Kassel cada cinco años desde un 1955 de posguerra, alberga entre muchos proyectos artísticos contemporáneos el del colectivo interdisciplinar «La Intermundial Holobiente» integrado por tres argentinos: la artista y escultora Claudia Fontes, la filósofa Paula Fleisner y el escritor y traductor Pablo Martín Ruiz.

En esta nueva edición que recoge las expresiones del arte contemporáneo y conecta prácticas e intereses de distintos continentes, el concepto de lumbung, esa palabra que remite al granero de arroz comunal típico de la Indonesia rural, es el modelo conceptual desde donde se construyen las particularidades de los proyectos seleccionados por el colectivo artístico ruangrupa, designado como director artístico de la Documenta 15.

Una idea que gira en torno a los «principios de colectividad, construcción de recursos y distribución equitativa» que tiene a «La Intermundial Holobiente» como uno de los dos grupos de Argentina elegidos por los curadores para participar y accionar en Kassel.

El libro de las diez mil cosas Exposicion Obeid Sagasti Foto Prensa
«El libro de las diez mil cosas» – Exposicion Obeid Sagasti // Foto Prensa

La idea funciona como una práctica comunitaria agrícola trasladada al arte: un «granero donde se guarda el excedente de la cosecha anual, y donde la comunidad que cosecha ese arroz se junta para decidir qué hacer con ese excedente», señala Fontes en diálogo con Télam.

La invitación a participar de la feria encontró al grupo en pleno trabajo del proyecto de la colección de libros «El Book Wei», cuyo primer volumen fortuito es «El libro de las diez mil cosas», una obra polifónica, de autoría compartida y horizontal entre catorce artistas y escritores de Argentina. Entre ellos están Erica Bohm, Virginia Buitrón, Gabriela Cabezón Cámara, Tulio de Sagastizábal, Lucas Di Pascuale, Carla Grunauer, Reynaldo Jiménez, Guadalupe Lucero, Anahí Rayén Mariluán, Leticia Obeid, Sergio Raimondi, Luis Sagasti, Ral Veroni, Susana Villalba, y los «intermundiales» mismos.

«La Intermundial Holobiente», nacida en 2020, plantea desde los neologismos de su nombre el querer «nombrar, incluir, todo lo que hay y que se relaciona entre sí a las entidades ficcionales», no centrada en el hombre. Ya que «la imaginación humana es fundamental para imaginar posibles modos de relación con todo lo que hay en el planeta que no es humano y de esa manera generar formas de coexistencia y convivencia que sean viables», define Fontes como tarea.

En este espacio común de granero que comparten, la obra es más que un libro, así como lo es la propia lectura no-humana de la propuesta, concebida desde lo lúdico con la intención de cuestionar representación, autoría, e interpretación. «Nos propusimos construir una metodología de creación colectiva en torno a una hipótesis de trabajo. Hay un texto escrito por un ser no-humano que desconocemos, un texto en blanco que no podemos leer de una manera convencional, entonces hay que inventar una nueva manera de leerlo», explica Fontes, que hace cinco años representó a la Argentina en la Bienal de Venecia con una obra titulada «El problema del caballo».

«Para eso les propusimos a siete artistas y escritores tratar de traducir y comentar este texto invisible que se encuentra en el medio de la hoja, desde los espacios paratextuales del libro«. Y a partir de la información y lo que fue apareciendo encontraron el modo de «traducir el libro al espacio».

El libro de las diez mil cosas Exposicion Obeid Sagasti Foto Prensa
«El libro de las diez mil cosas» – Exposicion Obeid Sagasti // Foto Prensa

El primer paso fue la elección de un lugar donde mostrarlo y para ello seleccionaron en el Karlsaue State Park -un parque donde tradicionalmente se hace la Documenta- el Theaterschlag, «un terreno baldío donde los jardineros guardan el exceso (el excedente, el compost) de materia en descomposición vegetal del parque».

«En este lugar hay grandes pilas de suelo e invitamos a historiadores, científicos, artistas, estudiantes de literatura de Kassel a que leyeran esa zona y nos envíen información. Esa información se la dimos a los artistas y escritores, y así, inspirándose, empezaron a escribir estos elementos paratextuales del libro«, señala Fontes.

Entre los escogidos, reseña, la escritora Cabezón Cámara lo fue por su interés post-humano»; Villalba por su libro «La bestia ser»; Raimondi por sus escritos; Veroni «por su pasión por los libros y su gran conocimiento de qué es un libro, la materialidad de la lectura, y por esa posición híbrida como artista, escritor, editor».

Fontes continúa: «Obeid y su largo interés por la copia y el marco decolonial en que lo trabaja; Bohm por la dimensión astronómica como dimensión ecológica y el interés por la materialidad de lo no-humano cuando trabaja con los cristales y entiende la fotografía. A su vez, lo de Virginia Buitrón era obvio» -dice-. Nos interesaba y sabíamos que iba a poder entrar en colaboración con sus larvas y lo no-humano. Venía trabajando sobre mimesis que es muy importante para este proyecto de traducción y la copia», indica. Y de su amigo el artista Tulio de Sagastizabal, destaca «la infinita sofistificación de su pensamiento iba a poder adaptarse al proyecto, por su tremenda maleabilidad y adaptabilidad».

«Básicamente elegimos a artistas y escritores a los que el proyecto les iba a interesar porque de alguna manera coincide con sus obsesiones o por la traducción por lo no-humano», explica Fontes. Y agrega: «Sabíamos que teníamos que invitar a artistas que eran casi atletas, que se prestaran -no todos los artistas lo hacen- a un ejercicio de borramiento de la autoría y de participación de un colectivo con amplia generosidad y curiosidad. Creo que esto define a todos los que aceptaron».

¿En qué consiste la colección «El Book Wei» ? «La Documenta nos pescó diseñando una colección de libros escritos por entidades no-humanas de la misma manera del ‘Libro de las diez mil cosas’. Cuando nos invitaron estábamos diseñando esta colección. Es un juego de palabras con el wu wei, una terminología taoísta para nombrar todo lo que hay. Es decir, wu es el vacío -hay una capítulo en el libro que se llama wu-, y wei es todo lo que hay. El wu wei es la dinámica por la cual para poder crear se da cuenta de un vacío que existe plenamente, pero que es un vacío que está lleno, y por eso la colección del libro que aún no existe porque estábamos diseñándola», explica la artista.

La pregunta desde la curaduría fue ¿cuál es el excedente que tenemos en nuestro ecosistema llamado ´La Intermundial Holobiente´ y cómo lo compartimos, qué hacemos con eso», dice la impulsora de lo que fue la red Trama. «Ese excedente es la imaginación humana que está siendo minada, coaptada por el capital. Una prueba contundente es lo que pasa con las redes sociales en Sillicon Valley. Todo lo que hacemos termina, está teniendo canales muy coercitivos de exhibición, de relaciones, y nosotros queremos usar la imaginación para pensar otras relaciones posibles», afirma.

Leticia Obeid
Leticia Obeid.

Fontes y ruangrupa comparten una relación que lleva 20 años: «Éramos socios, miembros de una red común que se llamó RAIN (Rain Artists’ Initiatives Network) en los cuales estaba ruangrupa y Trama, un proyecto colectivo de cooperación entre artistas que generé, que estuvo entre los 2000 y 2006 muy activo en Argentina pero también con proyección en Latinoamérica, y en lo internacional a través de esta red en la cual hacíamos proyectos de colaboración Sur-Sur con ruangrupa», dice.

Por otro lado, indica que se dan coincidencias entre la propuesta del colectivo indonesio con su propio recorrido así como la de Ruiz y Fleisner. «Se da una confluencia con ruangrupa porque nos conocimos haciendo colectividad y tenemos una historia en común, no solo de esos primeros seis años de coincidencia de Trama. La experiencia de Trama la volqué como consultora al inicio de la red Arts Collaboratory que es otros de los grupos que participa en la Documenta y a los cuales ruangrupa pertenece». Y prosigue: «Tenemos muchas discusiones bajo el brazo con ruangrupa en cómo establecer redes de artistas, y esto converge con el activismo de Paula en el Ni Una Menos y Colectiva Materia, y la participación de Pablo en Outranspo, colectivo de escritores, traductores, músicos que juega a entender la traducción como forma creativa basados en restricciones creativas».

Y ya desde lo personal, sostiene que se está «imaginando todo el tiempo desde otras materialidades», porque «es la única manera que tengo de imaginarme como artista», algo que pone en práctica con cada invitación que recibe.

La experiencia de escribir «El libro de las diez mil cosas», el proyecto que participa de Documenta

Leticia Obeid y Luis Sagasti, parte del proyecto «El libro de las diez mil cosas» que se expone en la Documenta de Kassel ideado por el Claudia Fontes, Paula Fleirner y Pablo Ruiz desde «La Intermundial Holohabiente», cuentan su experiencia, y como contraparte, Fontes relata la relacionalidad que se articula en uno de los eventos más importantes del arte contemporáneo desplegado en Alemania.

«La Intermundial Holobiente» comenzó en marzo de 2020, como iniciativa de Fontes, quien convocó a Freisner porque había escrito sobre su obra, y a Ruiz, que escribió un texto para «El problema del caballo», de la Bienal de Venecia, y un cuento policial del texto curatorial para el «Pájaro lento» para la Bienal de San Pablo.

«Los convoqué con una pregunta bastante lúdica: ¿cómo sería un libro escrito por una entidad no humana?. Me preguntaba si este libro no podía ser escrito desde lo paratextual. Entonces, emprendimos una etapa bastante larga de investigación conociéndonos, cada uno aportando desde sus intereses y lecturas. Paula desde la filosofía con un interés particular en la filosofía materialista y poshumana, Pablo desde un interés particular en la literatura desde la traducción como forma de creación y en mi caso desde la materialidad, desde las investigaciones que hago en arte cada vez que comienzo una pieza, desde la historia de los materiales y de los espacios con los que trabajo», relata Fontes sobre ese impulso concretado en Kassel.

«Fui invitada dentro del grupo de 14 artistas y escritores para elaborar un libro colectivo a partir de ciertos disparadores en común, que será mostrado en el marco de la Documenta, en Kassel. Fue una experiencia hermosa de colaboración, imaginación y diálogo, una mezcla entre investigación y experimento radical en cuanto a la autoría y de mucha reflexión en torno a la escritura, cómo y para quién se escribe, con imágenes, palabras, y todos los sentidos. Fue además un proceso de trabajo compartido con intensidad a pesar de la distancia física entre cada uno de los participantes», refiere Leticia Obeid a Télam.

En tanto el escritor Luis Sagasti, por su parte, cuenta que «fue una experiencia muy lúdica, muy desafiante porque se trataba de ser parte de un grupo en donde no había jerarquías y campeaba cierta irreverencia».

«Mi participación consistía en escribir pequeñas notas o pie de página, alguna glosa, epígrafes, de modo que cada uno sentíamos que estábamos formando una suerte de rompecabezas, si se quiere como un cadáver exquisito razonado por alguien que no es un humano o por una entidad mayor que la suma de las partes que lo componen, de modo tal que el libro resultante es precisamente el fruto de un gran juego que ha tenido una consistencia interna muy fuerte, un espesor ontológico muy interesante, pese a que cada uno contribuyó con sus pequeños ladrillos para terminar configurando un gran edificio, a mi entender», explica.

Por otra parte, la variedad de proyectos y grupos de esta Documenta compuesta por colectivos de artistas dibuja intereses comunes, reciprocidades o puntos de contacto y la interacción entre los colectivos, en una Documenta que es «enorme», como describe la artista Claudia Fontes. Por el momento, los intercambios ante intereses comunes son con dos grupos, con la caribeña Alice Yard, de Trinidad y Tobago, y con el equipo Davra, creado por la artista Saodat Ismailova, de Uzbekistán, quienes comparten intereses o un marco que «podemos llamar posthumano», explica.

En el caso de Ismailova, investigan «en torno a la figura del Chilltan -seres que adoptan formas de mujeres jóvenes o ancianas, animales, partes animadas o inanimadas de la naturaleza e incluso fenómenos naturales como el viento o las nubes-, «una entidad no-humana que se entiende de distinta manera en los países de Asia central».

Algo que se complementa con las miradas y posibilidades que abren desde el colectivo argentino con la propuesta del libro que se expande al espacio público y la naturaleza en busca de diálogos recíprocos posibles de subsistencia. ¿Cómo entender al otro, lo otro, lo humano y lo que no lo es, desde lo humano? La respuesta puede estar en esa materialidad y sensorialidad, en el sentir otros flujos y vínculos, y por sobre todo, en imaginar, experimentar.

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