Assange y WikiLeaks se hicieron famosos en 2010 a raíz de la publicación de unos 700.000 documentos militares y diplomáticos confidenciales que pusieron a Estados Unidos en más de un aprieto por revelar graves violaciones de los derechos humanos en Irak.

Antes de pronunciarse, la jueza Baraitser examinó detenidamente en septiembre, tras meses de retraso debido a la pandemia de coronavirus, la solicitud estadounidense.

Afirmando temer que Assange, cuya salud física y mental parecía muy debilitada, se quitase la vida, sus defensores habían entregado al Gobierno británico una petición con 800.000 firmas contra su extradición. Estados Unidos puede apelar esa decisión y su representante legal afirmó que así lo hará. Por su parte, la defensa de Assange pedirá su libertad bajo fianza en una nueva vista programada para mañana.

Hasta entonces el australiano, de 49 años, que lleva 20 meses recluido en la cárcel londinense de Belmarsh desde su espectacular detención en abril de 2019 en la embajada de Ecuador en el Reino Unido -donde vivió refugiado siete años-, permanecerá detenido.

“Esto marca una victoria para Julian. Esta victoria es un primer paso para obtener justicia en este caso”, afirmó tras la vista la abogada sudafricana Stella Morris, compañera sentimental de Assange, con quien tiene dos hijos. Desde Rusia, donde vive exiliado, el excontratista de inteligencia estadounidense Edward Snowden -reclamado también por filtraciones- afirmó esperar “que este sea el final dichoso” para Assange.

Por fmluzucom

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