“De tapas y telas” es el título del ensayo de Isidoro Vegh, expresidente de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, dedicado a Lacan. Señala Vegh, intentando acercarse al territorio freudiano, que el sueño es como un jeroglífico. En Werthein encontramos grafías, topologías, repeticiones del rostro, otra vez fragmentos de escrituras, garabatos lacanianos, la cadena borromea (cada uno de los círculos no pasa por el agujero del otro). Está también la serie “Presencia del analista” (2017) en la que aparece el sillón del terapeuta y el diván del paciente, casi todo a través de una lente borrosa.

Alejandra Ruiz Lladó en “La desrealización de lo íntimo” se refiere a Freud, quien no sólo fue el creador del psicoanálisis sino de la escena del diván y el sillón del analista sentado detrás sin mirar el rostro del paciente. Werthein realiza polípticos, entre ellos, la planta de Bergasse 19, donde Freud vivió en Viena y, como lo señala Ruiz Lladó, constituye “un minucioso atlas psicoanalítico”. Está el célebre consultorio “en el que todos hubiéramos querido estar”, con sus tapices coloridos que se han reproducido en fotos, películas, obras de teatro y que Werthein interpreta en su serie “Divanes” de 2016.

Los “Horizontes Freudianos” son los horizontes del campo como Werthein los realizara hacia 2008 en “La Bandera de la Patria”, una minimalista imagen del campo de sus ancestros, sólo que esta vez, silos, graneros, maquinaria, ganado, son reemplazados por imágenes de Freud, escritos, valijas, la escalerilla de un avión, el número 19, una apretada síntesis de su biografía. Campo no es sólo trigo, ganado, herramientas, el horizonte infinito, de allí el capítulo “Horizontes del sujeto en el campo freudiano”, texto de Adriana Bauab. Señala lo que Lacan acuñó:” el campo es freudiano, el (lo) inconsciente es lacaniano”.

En estas obras de 2018, Werthein revela sus pasiones. Imágenes figurativas, pinceladas ascendentes hacia un horizonte que se extiende más allá de lo que la mirada puede alcanzar, alguna nube escapada de Magritte, cielos límpidos, capaz de sentar a Freud detrás de una tranquera, el diván en medio de una variada gama de verdes, sombras acechantes que están en el campo real y en el campo freudiano de las fantasías. Leila Tschopp, destacada artista visual, en su texto “Una mujer en la llanura”, cita a Juan José Saer y su libro “El río sin orillas” cuando se refiere a la llanura pampeana: “ese enorme agujero”, “tierra chata”, “vértigo horizontal” .La pintura de Ana Lía Werthein nos regala ese silencio tan deseado y nos sumerge en los meandros de la psiquis, tan vasta como sus pasiones pictóricas, literarias y analíticas que ha aunado en este libro.

=“El arte – la escritura – el campo – y los psicoanalistas” (Bs. As., 2020, Rodrigo Alonso editor, 152 págs.)

Por fmluzucom

Deja una respuesta