
Por Edgardo Pedro García Meza
Mar Argentino, 3 de mayo de 1982 – En plena Guerra de las Malvinas, el conflicto bélico que enfrentó a la República Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las islas del Atlántico Sur, un acto de valentía y tragedia marcó a fuego la historia naval argentina: el ataque al aviso ARA (A-9) «Alférez Sobral» por parte de helicópteros de la Royal Navy, mientras cumplía una misión de rescate humanitario.
“El coraje no es la ausencia de miedo, sino la decisión de que algo es más importante que el miedo.”
– Ambrose Redmoon
El «Alférez Sobral», un buque de apoyo con décadas de servicio, había zarpado hacia el área donde se presumía podrían hallarse náufragos del crucero ARA «General Belgrano», hundido el 2 de mayo por el submarino nuclear británico HMS Conqueror. Su misión era clara: buscar sobrevivientes en un mar helado y hostil, dominado por el enemigo.
La noche del 3 de mayo, en condiciones de máxima tensión, el aviso fue detectado por medios aéreos británicos. Dos helicópteros Lynx, provenientes de los destructores HMS Coventry y HMS Glasgow, se aproximaron al blanco argentino. En un ataque sorpresivo, lanzaron misiles aire-superficie Sea Skua, impactando directamente contra el puente de mando del Sobral.

La explosión fue devastadora. Murieron ocho tripulantes, entre ellos el comandante del buque, el Capitán de Corbeta Sergio Raúl Gómez Roca, quien permaneció en su puesto de combate hasta el último instante. Muchos otros resultaron heridos. A pesar de los graves daños estructurales, con equipos de navegación destruidos y comunicaciones interrumpidas, la tripulación restante logró controlar los incendios, contener las inundaciones y poner en funcionamiento los motores de emergencia.

Durante más de 24 horas navegaron a ciegas, heridos, exhaustos y bajo condiciones extremas, hasta que finalmente lograron arribar a Puerto Deseado, en la provincia de Santa Cruz. El arribo del «Sobral», con los cuerpos de sus camaradas caídos y sus hombres cubiertos de sangre y salitre, se convirtió en un símbolo de la resistencia y el sacrificio del personal de la Armada Argentina.

Un símbolo de coraje naval
El «Alférez Sobral», una nave construida en Estados Unidos en 1944 y transferida a la Argentina en 1972, no estaba diseñada para el combate moderno. Aun así, su tripulación enfrentó con determinación el ataque de helicópteros equipados con tecnología de punta. La disparidad de medios no mermó el valor de sus marinos.
El Capitán Gómez Roca fue póstumamente ascendido y condecorado. Su figura representa hoy uno de los máximos ejemplos del honor naval argentino. En su memoria, una corbeta de la Armada fue bautizada con su nombre: ARA «Gómez Roca» (P-46).

El rescate aéreo: coraje desde el cielo
La situación crítica del aviso «Alférez Sobral», gravemente averiado, sin comunicaciones y con varios tripulantes heridos, llegó a conocimiento de las autoridades argentinas. De inmediato, se dispuso una operación de evacuación médica aérea que pasaría a la historia por su valentía y eficacia.
El 5 de mayo de 1982, un helicóptero Bell 212, matrícula H-88, de la Fuerza Aérea Argentina, fue desplegado con la misión de localizar al buque, rescatar a los heridos y prestar asistencia en navegación. La aeronave había despegado desde Comodoro Rivadavia, en una acción coordinada con unidades navales.
El helicóptero H-88, piloteado por una tripulación que demostró altísimo profesionalismo, sobrevoló el área en medio de condiciones climáticas adversas y bajo riesgo de nuevos ataques enemigos. Al encontrar al «Sobral», evacuó al herido más grave y luego guió al buque hacia el Buque de Desembarco de Tanques ARA «Cabo San Antonio», que acudió en apoyo logístico y médico.
Esta misión de búsqueda y rescate fue crucial para salvar vidas humanas. El coraje demostrado por la tripulación del Bell 212 fue reconocido oficialmente: el piloto y el copiloto recibieron la «Orden Héroes de Malvinas», una de las más altas distinciones otorgadas en el marco del conflicto.
La actuación del Bell 212 H-88 no solo evidenció la cooperación entre la Fuerza Aérea y la Armada, sino también el compromiso absoluto con los valores del deber y la solidaridad en combate. El helicóptero se convirtió en símbolo de esperanza en medio del drama vivido por la dotación del «Sobral».

Durante la mañana del 5 de mayo, un F-27 indicativo Sierra, al mando del vicecomodoro Dante Besaccia, localiza el aviso de la Armada e informa su ubicación al helicóptero designado para buscarlo.
El Bell 212 H-88, tripulado por los tenientes Miguel Ángel Lucero y Jorge Bachiddu; el suboficial auxiliar Horacio Dezeta (paracaidista de rescate) y los cabos primeros Marchellotto y Bufarini, ubica el buque al mediodía.
El aviso ARA Alférez Sobral había sido averiado el 3 de mayo, cuando intentaba rescatar a los tripulantes del avión Canberra derribado el 1º de mayo.
Un pararrescate desciende sobre la cubierta, asiste al herido más grave y lo acondiciona en una camilla para elevarlo hacia el helicóptero que lo traslada de urgencia. El capitán del buque y siete tripulantes habían fallecido cuando intentaron salvar a sus camaradas aeronáuticos.
Memoria y reconocimiento
Cada 3 de mayo, la Armada Argentina recuerda este episodio con respeto y recogimiento. Los sobrevivientes del ataque aún relatan con emoción el momento en que la muerte los rondó y cómo el compañerismo y el sentido del deber les permitieron sobrevivir. El «Alférez Sobral», hoy convertido en símbolo, nos recuerda que en medio de la guerra, el coraje y la humanidad siguen siendo valores inquebrantables.
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