31 de mayo de 1982 – El combate de Top Malo House merece un capítulo aparte.

May 31, 2021

¨Top Malo House¨ contiene todos los elementos que dignifica su recuerdo a 30 años de la GESTA DE MALVINAS, los valores, virtudes y gestos que supieron demostrar aquellos 13 soldados, que confluyeron en un humilde puesto ovejero, una madrugada del 31 de mayo de 1982; día en que nacieron nuevos héroes para el altar de nuestra queridísima patria.
La primera sección de la compañía de comandos 602 se conformó por el Capitán VERCESI (Jefe), Teniente 1ero LOSITO, Teniente 1ero BRUN, Teniente ESPINOSA, Teniente GATTI, Teniente MARTÍNEZ, Sargento 1ero CASTILLO, Sargento 1ero SBERT, Sargento 1ero HELGUERO, Sargento MEDINA, Sargento PEDROSO (enfermero), Cabo 1ero VALDIVIESO, Cabo DELGADILLO.
Algunos de ellos fueron destinados a esa sección sin tener la aptitud de comandos y “ese grupo heterogéneo tenía que transformarse en una amalgama con corazón de acero, en una máquina de guerra y todo ello en el campo de combate y no en el de instrucción como hubiera correspondido”.
Resumen del relato del Coronel (R) VGM Horacio LOSITO.
El terreno no ayudaba a la marcha, ríos, piedras, viento ensordecedor y el equipamiento que portaban eran por el momento el enemigo que debían superar. “La gran cantidad de equipo que tuvimos que llevar para cumplir con todas las misiones jugaban en nuestra contra. Los equipos más pesados se iban rotando a mi orden, pero en realidad uno dejaba una ametralladora y recibía una radio, dejaba la radio y recibía un misil antiaéreo y así todo”.
El grupo humano de la Primera sección compartía más que nada la aptitud de comandos. Algunos de ellos se conocían y eran buenos amigos como el caso del Capitán VERCESI y el Sargento 1ero SBERT. Otros eran quizá la primera vez que se veían, como fue el caso del Teniente 1ero LOSITO y el Teniente ESPINOSA. “La noche llegó temprano, con ella una fuerte nevada y luego una temperatura bajo cero. Recorrí el sistema de seguridad colocado en los 360 grados en parejas. Todo estaba bien, hasta que encontré al Teniente ESPINOSA solo en su puesto bajo una capa poncho lleno de nieve. Su pareja se había ido, no recuerdo a donde. Me quedé hablando con él para conocerlo un poco más y hacerle compañía hasta el regreso del otro. “Herni” – siempre con una sonrisa, jovial, entusiasta, apasionado de su fusil Malinger que lo cuidaba como una joya. Fue una charla donde destaqué su amor por su esposa e hijas y su convicción y alegría por estar ahí, en ese momento. Vi a un hombre lleno de valores y principios, que lo llevaron después a la máxima acción de un soldado, dar la vida para salvar a sus camaradas”.
Los comandos no se imaginaron que en las proximidades estaba el campamento del enemigo, situado en Teal Inlet Settlement, cuyo Jefe era el Brigadier Julian Thompson, según se relata en el libro Comandos en Acción. Y menos aún que ya habían sido detectados por las tropas inglesas. Dada la proximidad se temía que el blanco sea el Brigadier inglés, por lo tanto, se había dispuesto todo para proceder a aniquilar a las tropas argentinas.
Poco antes del amanecer comenzamos a equiparnos para seguir la marcha. Algunos preparaban algo caliente para desayunar; otros se intercambiaban algunas prendas secas que les quedaban, cuando se escuchó al parecer ruido de helicópteros. El ruido era cada vez más nítido. En un momento, creímos que eran los helicópteros que nos tenían que rescatar, o alguna otra patrulla argentina que se dirigía a cumplir otra misión. Hasta que un centinela advirtió que los helicópteros no tenían la franja amarilla que caracterizaba a nuestras aeronaves. Todo esto transcurrió en unos pocos segundos. Al instante, el Tte ESPINOZA, que se encontraba en misión de seguridad en el piso superior dio la voz de «AHÍ VIENEN», abriendo inmediatamente el fuego.

En forma casi simultánea, el enemigo, del cual desconocemos absolutamente todo, abrió un impresionante volumen de fuego sobre la casa, utilizando todo tipo de armas. El primer impacto fue de un cohete antitanque CARL GUSTAV, que hizo temblar la casa. El fuego siguió luego con granadas, explosivas e incendiarias, y con fusiles automáticos y ametralladoras. La casa se había transformado en un verdadero infierno: explosiones, incendio, balas que atravesaban las paredes de madera, gritos, confusión… Era necesario reponerse de la acción psicológica paralizante que habían causado la sorpresa y el golpe de fuego. En el piso superior, el Tte 1ro BRUN le ordenó al Tte ESPINOZA el repliegue, y éste le contestó «repliéguense ustedes, que yo los cubro», mientras tiraba sin descanso. Dos granadas entraron por la ventana, pegando una de ellas en el pecho del Teniente, lo que le produjo la muerte instantáneamente y la segunda explotó cerca del otro oficial, ocasionándole ocho heridas por esquirlas, además de recibir sobre sí la caída del primer piso, a causa de la onda expansiva. Al intentar recuperarse, recibió un impacto de fusil en la pierna. No obstante, logró ponerse a cubierto, luego de un gran esfuerzo. Simultáneamente, los que nos encontrábamos en la planta baja, tratamos de salir rápidamente por la única puerta disponible. Al ganar la salida, una granada pegó en el marco de la puerta, ocasionándome una herida por esquirla en la parte posterior de la cabeza, a la vez que la onda expansiva me provocó una caída, la que me sumió en un estado de aturdimiento general. Por causa de ese acontecimiento, perdí en ese instante, el contacto con el resto de la patrulla. Habré permanecido pocos segundos boca abajo, tratando de recuperarme; la herida sangraba mucho. En el momento de incorporarme, observé a no más de 15 metros a los ingleses que arrojaban las granadas, parados sin cubierta alguna, oportunidad que aproveché para abrir fuego con mi FAL, causándoles, al parecer, dos bajas. Los ingleses no esperaban ningún tipo de reacción por parte nuestra, dado que el «golpe de mano» se estaba realizando seguramente como ellos lo esperaban. Por el volumen de fuego desatado, aprecio que su misión era de aniquilamiento. No obstante, la sección reaccionó mucho mejor de lo que la situación suponía. Inicié el repliegue hacia el arroyo que habíamos cruzado la noche anterior, queriendo ganar la altura de segunda orilla, sin saber que la misma también estaba ocupada por los ingleses. No recuerdo el tiempo que habré tardado en recorrer los 200 metros que mediaban entre la casa y el arroyo, pero me pareció muchísimo, ya que no había donde cubrirse y sentía que estaba haciendo toma y cambio de posición en un cancha de polo, donde la única cubierta me la proporcionaba mi propio fuego. Durante el repliegue murió el Sargento Primero SBERT, que cubría con su fuego el repliegue del Sargento Primero MEDINA. Una explosión produjo su muerte, hecho que al ser advertido por MEDINA, quien ya había sobrepasado al Sargento Primero, hizo que volviera a socorrerlo, sin reparar que el enemigo ya estaba cerca, como consecuencia, fue herido por una bala en la pierna, que le produjo una fractura expuesta, con fuertes hemorragias. Mientras tanto, el Teniente MARTINEZ había logrado una cubierta próxima a la casa, desde donde disparaba al flanco del enemigo que avanzaba ordenadamente, desatando un impresionante volumen de fuego. El Teniente estaba herido en un pie, producto de un disparo, pero sólo reparó en ello después de que terminó el combate. Durante el repliegue, intenté establecer el contacto especialmente con el Jefe de Sección para recibir órdenes, pero no veía a nadie, lo único que veía eran piques de proyectiles y explosiones en todo el campo. Pocos metros antes de llegar al arroyo, el que pensaba cruzar, vi una zanja con agua, y resolví ocuparla para continuar el combate desde esa posición. De no haber visto la zanja, y al intentar cruzar el arroyo, probablemente no hubiera llegado a la orilla opuesta, porque los ingleses que estaban en la altura, tenían precisamente como misión, impedir el cruce del arroyo. Al aproximarme a la cubierta, sentí el impacto de una bala en el muslo derecho, que me provocó la caída de espaldas dentro de la zanja. Traté de incorporarme. Curiosamente no me dolía mucho, pero sí la sangre brotaba a borbotones por el orificio de entrada y salida. En ese instante, y presintiendo el final, no hice otra cosa que recordar a mi familia y rezarle a la Santísima Virgen. Intenté hacer un torniquete con un pañuelo, pero al asomarme para poder ver qué era lo que estaba pasando y tratar de tomar contacto con alguien de la patrulla, me di cuenta de que no había tiempo para el torniquete; el enemigo estaba muy cerca. Continué disparando, con poca eficacia. De a ratos sentía mareos, debidos posiblemente a la pérdida de sangre. De pronto, sobre mi costado izquierdo, escuché la voz del Tte 1ro GATTI que me transmitía la orden de rendición impartida por el Jefe de Sección, diciéndome que no tirara más, que estábamos totalmente rodeados. Una rendición en esas circunstancias me pareció un suicidio, además de los efectos morales que esto provocaba. Por lo tanto, le grité al Tte 1ro GATTI que siguiera disparando. En ese instante, advertí que dos ingleses venían por mi oblicuo derecho, disparando continuamente. Acomodé el fusil como pude, y abrí fuego. El más alto cayó agarrándose el estómago, pero cuando intenté dispararle al compañero, perdí las pocas fuerzas que me quedaban, y caí de rodillas. No había perdido el conocimiento, pero sí el dominio total del cuerpo. El inglés llegó hasta mi posición, vi cómo me apuntaba con su arma. Esperé el final, con una providencial tranquilidad propia de la resignación, o característica de quien, por reiteradas situaciones límites, superó ya su capacidad de miedo y comprensión de la realidad. Nuevamente, Dios hizo uso de su atribución de dar y quitar la vida. El inglés me ordenó «¡Up your hands!» (¡Arriba las manos!), pero al ver que no me podía mover, me sacó del pozo, me desarmó, paró la hemorragia con un torniquete y rápidamente me inyectó morfina en el muslo izquierdo. Mientras tanto, me preguntaba sobre la existencia de campos minados y a cada rato me decía «No problems, it’s the war» (No es problema esto, así es la guerra). Aún no salía de mi asombro. Parecía que todo lo que me estaba ocurriendo era parte de una película. Y en realidad no sabía muy bien qué era lo que había pasado. Se acercaron algunos ingleses con dos oficiales de la sección, trasladándome a un lugar próximo a la casa que se estaba terminando de consumir por el fuego. Fue en ese lugar donde se reunió lo que quedaba de la patrulla. De los trece integrantes habían muerto dos, y seis estaban heridos. Es digno de destacar el proceder del Sarg 1ro enfermero PEDROZO, quien intentaba curar, con los pocos remedios que disponía —ya que el botiquín había quedado en la casa—, a todos los heridos. Recuerdo que en su desesperación por calmar mi temblor me abrazó para darme un poco de calor, mientras seguía impartiendo directivas para la atención del resto. El enemigo, que resultó ser un elemento de la Tercer Brigada de Comandos (Cuadros para la guerra de Montaña y el Artico), de los 30/50 efectivos que nos atacaron, sufrieron dos muertos y un número no determinado de heridos, pero que seguramente superaban los cinco. La sección combatió hasta el límite de sus posibilidades, con la masa del personal herido en el primer golpe de fuego inglés. El enemigo nunca esperó reacción alguna, y tal como se dejó entrever en las distintas publicaciones inglesas que hacen mención de este episodio reconoció reiteradamente el esfuerzo realizado hasta la inevitable rendición. El combate no duró más de 25 minutos…

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