Por: Edgardo Garcia Meza

Los caídos: nombres grabados en honor y memoria

En la defensa del cuartel de La Tablada, nueve soldados argentinos y dos policías bonaerenses dieron su vida cumpliendo con el deber sagrado de proteger a la Nación frente al ataque armado. Cada nombre representa una vida entregada por la Patria, un legado que la memoria colectiva no puede permitir que se pierda:

Ejército Argentino

  • Mayor Horacio Fernández Cutiellos
    Oficial del Ejército Argentino. Murió en combate defendiendo la unidad militar y a sus hombres. Su conducta fue ejemplo de liderazgo bajo fuego.
  • Teniente Ricardo Alberto Rolón
    Oficial joven, caído en cumplimiento del deber. Representa el compromiso de quienes eligieron servir a la Patria hasta las últimas consecuencias.
  • Sargento Ayudante Ricardo Raúl Esquivel
    Suboficial con amplia experiencia. Entregó su vida en defensa del cuartel y de la legalidad constitucional.
  • Sargento Ramon Wladimiro Orué
    Suboficial del Ejército Argentino. VGM Combatió con decisión en una situación extrema, honrando su juramento militar.
  • Cabo Primero José Gustavo Albornoz
    Suboficial. Cayó defendiendo una posición bajo fuego enemigo. Su nombre es sinónimo de valentía silenciosa.
  • Soldado Julio Grillo
    Soldado conscripto. Joven argentino que murió cumpliendo órdenes y defendiendo a sus camaradas.
  • Soldado Roberto Tadeo Taddía
    Soldado conscripto. Entregó su vida en uno de los episodios más duros de la democracia reciente.
  • Soldado Leonardo Martín Días
    Soldado conscripto. Representa a toda una generación de jóvenes que respondieron al deber sin vacilar.
  • Soldado Héctor Cardozo
    Soldado conscripto. Su sacrificio forma parte del precio que pagó la Nación frente a la violencia armada.

Fuerzas de Seguridad – Policía de la Provincia de Buenos Aires

  • Comisario Inspector Emilio García García
    Oficial superior de la Policía Bonaerense. Murió en el cumplimiento del deber durante la recuperación del cuartel.
  • Sargento José Manuel Soria
    Efectivo policial. Cayó defendiendo el orden público y apoyando la recuperación de la unidad militar.

Su compromiso y valentía quedaron grabados no solo en las crónicas de aquel día, sino en el corazón de quienes saben que la defensa de la República exige entrega total en los peores instantes.

El 23 de enero de 1989 no fue un día más en la historia reciente de la Argentina. A apenas seis años de recuperada la democracia, el país volvió a vivir un episodio de violencia armada extrema cuando el Regimiento de Infantería Mecanizado 3 “General Belgrano”, ubicado en La Tablada, fue atacado por un grupo guerrillero que intentó imponer su proyecto político por las armas.

Aquella jornada dejó muertos, heridos, destrucción y una herida que, a más de tres décadas, sigue generando debates. Pero hay un punto que no admite discusión: soldados argentinos defendieron una unidad militar, la Constitución Nacional y el orden democrático frente a un ataque criminal.

El ataque: terrorismo en democracia

En las primeras horas del 23 de enero, integrantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP), organización armada liderada por Enrique Gorriarán Merlo —ex jefe del ERP—, irrumpieron violentamente en el cuartel militar. Utilizaron armas automáticas, explosivos, lanzacohetes y tácticas de combate urbano.

El argumento difundido por los atacantes fue la supuesta intención de impedir un golpe militar “carapintada”. Sin embargo, nunca existió evidencia real de tal alzamiento, y con el correr de las horas quedó claro que se trató de una operación ofensiva planificada, con fines insurreccionales, ejecutada contra una unidad militar activa.

No fue una protesta.
No fue una ocupación simbólica.
Fue un ataque armado deliberado en plena vigencia del sistema democrático.

La defensa del cuartel: valor, decisión y deber

Sorprendidos en un primer momento, suboficiales, oficiales y soldados conscriptos reaccionaron cumpliendo con su juramento: defender la Patria, sus instituciones y a sus camaradas.

En condiciones extremas, con fuego enemigo dentro del cuartel y riesgo permanente para la población civil circundante, los defensores resistieron durante horas. La respuesta incluyó la intervención del Ejército Argentino, la Policía de la Provincia de Buenos Aires y otras fuerzas de seguridad.

Cada metro recuperado fue producto de combate real.
Cada posición defendida costó sangre.
Cada decisión se tomó bajo presión letal.

Los soldados argentinos no eligieron ese combate, pero lo afrontaron con coraje, sabiendo que rendirse no era una opción.

Los caídos: honor y memoria

El saldo fue trágico. Murieron militares, policías y atacantes. Entre los defensores hubo jóvenes conscriptos, suboficiales y oficiales que entregaron su vida en cumplimiento del deber.

Sus nombres no siempre ocupan titulares ni actos oficiales. Sin embargo, son parte del sacrificio silencioso de quienes sostienen al Estado cuando la violencia intenta reemplazar a la ley.

La Nación tiene una deuda moral con ellos:
Recordarlos con respeto,
Honrar su entrega,
Defender su memoria frente a lecturas sesgadas de la historia.

Después del combate: polémicas y silencios

Con el paso de los años, el foco se desplazó del ataque armado hacia denuncias posteriores, juicios y debates judiciales. Es legítimo que la Justicia investigue hechos puntuales, pero resulta inaceptable borrar el origen del conflicto: un grupo armado atacó una unidad militar en democracia.

No hubo dos bandos equivalentes.
Hubo un Estado legítimo y un grupo que eligió las armas.

Relativizar ese hecho es debilitar la memoria nacional y faltar el respeto a quienes defendieron la República.

La herida judicial: cuando el Estado dio la espalda a sus defensores

Con el paso de los años, el episodio de La Tablada dejó de analizarse desde su causa original —un ataque armado a una unidad militar en plena democracia— para transformarse en un caso emblemático de inversión de responsabilidades por parte del Poder Judicial argentino.

Mientras soldados, suboficiales, oficiales y fuerzas de seguridad que actuaron en defensa del cuartel fueron procesados, condenados y estigmatizados, muchos de los integrantes del grupo atacante —responsables de iniciar la acción armada— no solo obtuvieron beneficios judiciales, sino que además fueron indemnizados por el propio Estado argentino.

Esta situación constituye una paradoja moral y jurídica difícil de justificar ante la conciencia nacional:

  • Quienes defendieron una unidad militar cumpliendo órdenes y juramento, fueron perseguidos.
  • Quienes atacaron al Estado con armas de guerra, fueron reconocidos como víctimas.

No se trata de negar el derecho a la justicia ni de impedir investigaciones sobre hechos puntuales. Se trata de señalar con claridad que el Poder Judicial terminó descontextualizando el origen del conflicto, juzgando el resultado sin ponderar la agresión inicial.

La inversión de valores

En La Tablada no hubo un enfrentamiento entre fuerzas equivalentes ni una represión a civiles desarmados. Hubo un ataque terrorista planificado, ejecutado por una organización con antecedentes armados, contra una instalación militar activa.

Sin embargo, el relato judicial posterior:

  • Desdibujó la figura del agresor.
  • Criminalizó al defensor.
  • Construyó una narrativa donde el deber militar fue equiparado al delito.

Esta lógica no solo es injusta para quienes combatieron ese día, sino que sienta un precedente peligroso para cualquier Fuerza Armadas o de Seguridad: el mensaje implícito es que cumplir con la misión puede convertirse, años después, en una condena.

Indemnizar al atacante, condenar al soldado

La indemnización a integrantes del grupo terrorista, dispuesta por el propio Estado, profundizó aún más la herida. No fue solo una decisión económica, sino un acto simbólico devastador para quienes arriesgaron —y en muchos casos perdieron— la vida defendiendo la República.

Para los camaradas caídos, sus familias y sus compañeros de armas, el mensaje fue claro y doloroso:

La Nación recordó más al atacante que al defensor.

Esa decisión no contribuyó a la reconciliación ni a la memoria completa. Por el contrario, consolidó una visión parcial de la historia, donde el uso de la violencia política quedó relativizado y el honor militar quedó bajo sospecha.

Memoria, justicia y dignidad nacional

La historia de La Tablada no puede seguir siendo contada desde expedientes fragmentados ni desde lecturas ideologizadas. La Nación tiene la obligación moral de revisar críticamente el accionar de su sistema judicial, no para negar derechos, sino para restablecer el equilibrio entre verdad, justicia y soberanía moral.

Porque sin reconocimiento a quienes defendieron al Estado, no hay institución que resista.
Y porque un país que indemniza al terrorista y condena al soldado, termina debilitando los cimientos mismos de su defensa nacional.

Por fmluzucom

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