¿Qué hicimos para merecer a Macri?

Abr 8, 2021

En términos del expresidente, el “gradualismo fiscal” fue “un nombre apropiado para disimular que no teníamos la capacidad política para hacer algo más rápido”. En ese sentido, vale recordar la cantidad de despidos de empleados públicos que se produjeron en los primeros meses del gobierno o el ajuste votado a fines de 2017 sobre los haberes jubilatorios que a pesar de la resistencia popular no pudo doblegar la voluntad del Gobierno. Pero el problema fiscal no pasó por ahí, sino por lo que aparece en los manuales de economía como “la curva de Laffer”, la cual sin sustento empírico afirma que “es necesario reducir la alícuota de impuestos para mejorar la recaudación”. Eso es tan absurdo como aconsejar a una empresa que “reduzca ventas para mejorar sus ganancias”. La aplicación de ese principio fue lo que generó la madre del borrego fiscal: reducir las retenciones a las exportaciones y los impuestos a los bienes personales terminó explicando 30% del déficit fiscal de esos años. La reducción de las retenciones a las exportaciones, en particular, respondió al principio según el cual “los países exitosos no castigan a sus exportadores”. Que no haya habido ningún boom exportador luego de esas rebajas de retenciones a las exportaciones, e incluso que se haya invadido el país con productos importados de dulce de leche, vino y latas de distinto origen, no parecen haber sido parte del análisis.

A ese gradualismo en lo fiscal se le puede oponer el shock en el sector externo al cual los argentinos “no estaban preparados”. El problema de la fuga de capitales, en particular, es la causa más relevante de la crisis final del macrismo. En ninguno de los manuales estadounidenses veremos analizado ese fenómeno por lo cual empresas y ahorristas compran divisas extranjeras para resguardar de sus ganancias, generando un desequilibrio en las cuentas externas. Por consiguiente, una de las primeras medidas que se adoptó fue la quita del cepo, con su consiguiente devaluación. Se estimaba que todo era cuestión de confianza, de metas de inflación y de incrementar la tasa de interés real para que cese la compra de dólares, algo que no ocurrió en ningún momento de los 4 años del macrismo. Un informe del BCRA del año pasado nos informa que el total de la fuga de capitales durante el gobierno anterior fue de 86 mil millones de dólares. Y si no fue mayor, es porque la clase media fue literalmente destrozada por las devaluaciones de 2018 y 2019 y ya no le quedaba dinero para comprar dólares.

Esto no resultó indiferente a la reflexión del ex presidente, que en un rapto de lucidez asevera que “los argentinos sabemos que el dólar es el precio principal de nuestra economía, a través del cual juzgamos la salud del gobierno y nuestras perspectivas de futuro. Con el dólar bajo control, todo Gobierno argentino parece fuerte. Con el dólar loco ninguno lo es”. Pareciera que al final, los argentinos votan en función de la fortaleza de la moneda nacional respecto del dólar, más que por el déficit fiscal. Y que si Macri se fue del equipo, no es porque era un genio del fútbol mundial que su equipo no merece, sino porque la tribuna pidió el cambio de jugador por su mala actuación en el entre tiempo.

(*) Coordinador del Departamento de Economía Política del Centro Cultural de la Cooperación.

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