Punto de vista: Buenas y malas del periodismo de efemérides

Oct 14, 2020

Twitter puede ser caldo de odios, operetas y fake news. También le cabe el sustantivo “servicio” cuando sus usuarios aportan datos que ayudan el tránsito por la realidad tangible.

Y aunque se la relativice como foro de discusión por el primer aspecto y porque el segundo pierde cada vez más peso, la red social “del pajarito” cada tanto clava un debate constructivo. 

En lo que respecta al periodismo musical y a su correspondiente consumo, días atrás se produjo uno relacionado con las efemérides impulsado por el crítico Gabriel Plaza

“¿El periodismo musical se está volviendo una gran efeméride o es una manera de organizar la memoria de una nueva generación?”, tuiteó – planteó Plaza, e inmediatamente recibió respuestas  (jugosas, atendibles o discutibles, según el caso) de otros colegas y de lectores.  

Menciones que fueron desde la obligación del comunicador de aportar “algo más” de lo que se conoce sobre el personaje, banda u obra que cumple aniversario redondo, hasta la pereza intelectual del que escribe o lee por pisar la seguridad de la memoria emotiva y desentenderse de lo emergente. 

En el medio de esos extremos, hubo lugar para la imposibilidad de lograr algo superador si el que reconstruye lo hace en un contexto de precarización laboral; referencias a grandes publicaciones internacionales que continúan con lujosas ediciones melancólicas para fans con poder adquisitivo; y otros minuciosos análisis sobre la “retromanía”, una propensión a reafirmar gustos pasados con la que las nuevas generaciones no comulgan, aparentemente. 

Un usuario, incluso, aseguró que en 20 años ningún joven de hoy reparará en que Bad Bunny publicó el ambicioso YHLQMDLG en 2020. 

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Como diría Pappo, son muchos pensamientos para una sola cosa. 

Lo concreto es que la cultura rock, la más propensa a la autocelebración retro, cuenta con la suficiente perspectiva como para que las revisiones encastren contextos históricos, épicas personales y la incontestable belleza de las obras. 

Tan viejo es el rock, que la semana pasado observamos que cumplió 25 años (What’s the Story) Morning Glory?, el segundo disco de Oasis que ya en 1995 traía consigo el sedimento de un pasado glorioso. Por entonces era una síntesis chispeante e inspirada de la historia del rock británico; y hoy se percibe como una de las grandes obras producidas en la era del CD.  

La duda que cabe es si el rock entró en fase de efeméride permanente porque ya no tiene más para dar. 

Ahora bien, si es que existe esta demanda, ¿cómo atenderla un día como el 18 de septiembre de 2020, en el que coinciden el 50º aniversario de la muerte de Jimi Hendrix y de la publicación de Paranoid, el segundo disco de Black Sabbath?

Una respuesta lógica sería concentrarse en el guitarrista norteamericano, por su legado y porque con él empieza el panteón de los 27.  

¿Pero cómo relevar semejante personaje atribulado por la agenda y limitado en el contacto con alguna fuente o testimonio (imposible dar con Janie, su hermana y protectora de su obra) que nos lleve más allá de lo obvio?

Una opción sería encontrar el tiempo para dar con un texto analítico que funcione tanto como “valor agregado” como “alerta” para el lector interesado, quien luego de recibirla (re) toma contacto con esa música elevada y lisérgica. 

La cuestión es que “encontrar el tiempo” es una utopía cuando se produce un tsunami de celebraciones como en el año en curso, que no sólo tiene el aditivo de que termina en cero. También le juega a favor que la incertidumbre pandémica pondera “la vieja realidad”.   

En ese contexto, el deshilachado humor social está bien predispuesto para relevar textos sobre los 50 años de Let it Be (el último disco de los Beatles se publicó el 8 de mayo de 1970) o de After The Gold Rush (el segundo solista de Neil Young salió el 31 de agosto de ese año). 

O sobre los 80 años de Ringo Starr (7 de Julio de 1940), quien tiene la edad que debería tener John Lennon, cuyo 80º aniversario de natalicio se cumplió el viernes (9 de octubre de 1940). 

O sobre los 30 de Canción animal de Soda (7 de agosto de 1990); los 50 del fallecimiento de Janis Joplin (4 de octubre de 1970); o los 20 años de la publicación de KId A, de Radiohead (el 2 de octubre de 2000). 

Tiempo. Hay que encontrar tiempo. El suficiente para honrar el pasado sin perder de vista que mañana es mejor. 

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