Miradas opuestas a Nathy Peluso y su disco “Calambre”

Oct 14, 2020

Mestizaje cultural y personalidad propia

Una artista con personalidad que fue moldeando su perfil artístico con el tiempo y la experiencia. Esa es Nathy Peluso y eso es lo que se refleja en Calambre, su primer álbum larga duración publicado por estos días. Después de la gran aceptación que generaron sus EP Esmeralda y La Sandunguera, esta argentina radicada en Barcelona honró como pocos al mestizaje cultural en estas 12 canciones/videos en los que confirma su alto flow para rapear y, sobre todo, para conjugar estilos como el soul y el R&B con sonidos latinoamericanos. 

De aquella chica decidida pero algo tímida que cantaba temas de Fito Páez y clásicos del jazz en los bares españoles o sorprendía con sus primeros videos en YouTube a esta tremenda artista que parece llevarse el mundo por delante pasaron sólo cinco años. Una etapa en la que Peluso convivió con una diversa comunidad latina con la que compartió todo tipo de vivencias e influencias. Los que conocen los ecosistemas de Madrid y Barcelona saben que ese entorno es decisivo para cualquier artista y también así lo fue para esta argentina del conurbano bonaerense. Su forma de hablar y cantar así lo demuestran: el acento porteño se entrevera con modismos de diferentes partes de Latinoamérica o incluso de la misma España. 

Un sector le atribuye rasgos de apropiación cultural, acusándola de fingir un acento centroamericano y hasta de “racista” por utilizar estéticas propias de los afroamericanos. ¿En serio en plena era de la globalización se puede ser tan obtuso? ¿Y decir que usa “cosas de negros” no es mucho más racista? Lo de Peluso es claramente un personaje que fue moldeando y que remite a ese ser latinoamericano tantas veces bastardeado en el viejo continente. “Este mi jazz latino”, canta en uno de sus hits que son bandera.   

El mismo Dante Spinetta, quien vivió en carne propia estas acusaciones durante el surgimiento de Illya Kuryaki, banda insignia del mestizaje latino, fue categórico en este sentido en una entrevista reciente con VOS: “Siendo latino sos parte del hip hop, los latinos no somos ‘blancos’, tenemos otra historia cultural”, sentenció con absoluta claridad. 

Por si había alguna duda, verla en vivo hace un par de años en el festival LNG ratificó que es una artista total, con un gran despliegue escénico y una voz contundente. “La riqueza de un artista es la fusión de las influencias que han marcado su vida”, advirtió por estos días Nathy mostrando que sabe lo que quiere y va camino a convertirse en una enorme estrella global.

Al borde del ruido

No bien salieron a la luz los temas de su primer disco Calambre, la figura de Nathy Peluso ya estaba desatando polémica en las redes, ese espacio en el que la artista logró hacer germinar su obra. Las controversias que se generaron en torno a este material no son nuevas, sino que tienen larga data entre quienes cuestionan su trabajo y entre los que, posiblemente, no lo entendemos ni disfrutamos.

Endilgarle “apropiación cultural” (ese término en el que últimamente se resguardan muchos puristas para criticar aquello que no aceptan) es un mecanismo simplista. No hay en 2020 un grupo social que tenga las escrituras en mano del soul o el R&B y mucho menos del trap o el reguetón. 

Es decir que esta compositora de obra mestiza puede echar mano de todos los elementos de los que dispone para comunicar la realidad de su tiempo, pero tiene que saber que el que mucho abarca, poco aprieta.

En el afán por contenerlo todo, esta argentina radicada en España no hace más que generar ruidos en torno a su obra. Y no porque su música sea un ruido, sino porque el mensaje, a lo que ella siempre le ha dado tanto valor, queda perdido en medio de un sinfín de vericuetos estéticos que no hacen más que socavar el poder de su música. 

Todo es exagerado, todo es mucho en la obra de Nathy Peluso. Cualquier podría decir que está en todo su derecho de trazar un camino en ese sentido, pero también existe el derecho de decir que a muchos nos aturde ese exceso. 

Pasando en limpio, nadie duda de las cualidades artísticas de Peluso. Ni de su histrionismo, ni de su pluma, ni mucho menos de su voz. Pero cuando todo eso se lleva al extremo el límite entre una obra artística y una pantomima queda al borde de desdibujarse.  Y ese camino es solo de ida. 

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